Fecha: 6 marzo, 2022

El hermano de Germán Gamazo impulsó, en 1870, el saneamiento y desecación de las zonas pantanosas cercanas a Boecillo, reforestando el área y poniendo en valor una de las ganaderías con más historia de la península, la cual trató de refrescar con sangre de la casta tradicional navarra

Una de las personalidades más destacadas de la familia Gamazo fue el boecillano Trifino Gamazo Calvo, hijo de Timoteo. Al igual que su hermano Germán, Trifino -nacido en 1849- vio en el estudio de las leyes una gran proyección de futuro, y como jurista se convirtió en secretario de la sala primera de la audiencia de Madrid por oposición con tan solo 27 años, un cargo que desempeñaría hasta su fallecimiento en 1919. Aunque residió en la capital, mantuvo su vista puesta en el municipio que le vio crecer, impulsando instituciones cívicas o religiosas, como el propio Círculo Católico de Obreros de Boecillo. Casado con Adelaida García de los Ríos, Trifino tuvo seis hijos, y ordenó construir una majestuosa mansión en el municipio, la cual puede apreciarse actualmente junto al Parque del Tejar.

La desecación del Raso de Portillo

Si por algo ha pasado a la historia Trifino, además de por su carrera como jurista y como político -siempre afín al ideario de su cuñado Antonio Maura- es por su interés y contribución a los avances de la época en cuanto a la agricultura y la ganadería. Desde siempre, el boecillano había visto en los terrenos del Raso de Portillo una oportunidad para poner en valor sus activos naturales. Por entonces, la enorme extensión de terreno era un pastizal de aprovechamiento comunal ganadero, lleno de cañadas, veredas y coladas, y constantemente inundado en una serie de pequeños pantanos salitrosos.

Durante el último cuarto del siglo XIX, y en medio de una interesante época regida por la restauración, en la que Germán Gamazo formaba parte de las élites políticas estatales, se aprobaron las Leyes de desecación de terrenos pantanosos y la Ley de canales y pantanos. Ambas modificaciones legislativas, dirigidas a erradicar enfermedades y favorecer el aprovechamiento agrícola y ganadero, dieron pie a facilitar el saneamiento y la desecación de zonas anegadas. En el Raso de Portillo, Trifino decidió impulsar la construcción de un entramado de zanjas y drenajes que ayudaron a desembocar las aguas estancadas hacia el río Cega. El proyecto, fechado en 1870, se desarrolló con éxito entre 1871 y 1873, y permitió desecar los lodos de este enclave.

Según las leyes del momento, el responsable de la desecación se convertía en propietario de unos terrenos hasta el momento públicos, impulsando la plantación de árboles en toda la zona -un total de 99.000 ejemplares- para repoblar el lugar, embellecer los cauces y ofrecer en un futuro piñas, piñones, madera y savia. Esta labor, que continuarían sus hijos hasta 1930, les haría más tarde merecedores de un premio por parte del Distrito Forestal de Valladolid.

El impulso a una ganadería histórica

Paralelamente, el interés de Trifino Gamazo por la ganadería que pacía en el Raso de Portillo desde tiempos inmemoriales le llevó a adquirir, a Pablo Valdés Sanz, una parte de la finca del Raso conocida como ‘El Quiñón de Valdés’, así como la totalidad de las reses que conservaba este propietario. Se dice que en esta extensión pastaba esta ganadería, la más antigua de la península, desde hace al menos cinco siglos. En una finca que abarcaba los términos municipales de Boecillo, La Pedraja, Aldeamayor de San Martín y Portillo existían reses de la casta fundacional (morucha castellana) según la mayoría de tratadistas, si bien las primeras cabezas de ganado que aparecieron en la zona procedían históricamente del valle del Ebro y de Navarra. Se decía que la naturaleza salitrosa de los pastos de marisma influía en la bravura de estos astados, siendo “el yodo y la sal excitantes, y dando empuje y fuerza” a los erales.

Considerada la ganadería más antigua de cuantas se conocen, existen referencias a la misma en archivos de 1624, cuando la Cofradía de la Pasión adquirió dos toros para la feria de Valladolid en este enclave. Como ejemplo, en 1749, en la inauguración de la antigua plaza de toros de la calle de Alcalá, se lidiaron sus reses en Madrid. Precisamente a partir de este ganado se crearon otros hierros, como es el caso de la casta Vazqueña. Estos astados, además, tenían el privilegio de abrir los festejos reales, algo que se mantuvo hasta 1878, año en que se celebró un acontecimiento taurino especial para festejar la boda de Alfonso XII.

Conocedor de todos estos antecedentes, Trifino decidió aumentar la vacada en 1880 con reses de D. Mariano Presencio, y mantuvo el control de la ganadería hasta su fallecimiento, comenzando la relación de la familia Gamazo con esta ganadería, un nexo que se mantiene hasta la actualidad. Oficialmente el boecillano fue el creador de la ganadería tal y como la conocemos, aplicando sus conocimientos a la hora de refrescar la sangre de la vacada con casta navarra, y manteniendo así la pureza de sus orígenes.

A su fallecimiento, la ganadería pasó a manos de su hijo Germán Gamazo y García de los Ríos, quien durante treinta años se dedicó en cuerpo y alma a dar continuidad a esta tarea, manteniendo sin renuevo ni mezcla la sangre de los toros, ajeno a las modas y a la evolución del fenotipo de las reses. A su muerte, en 1948, su hermano menor, José María, se hizo con la gestión de la ganadería.

Este participó en 1951 en la creación de la Asociación Nacional de Ganaderías, de la que fue presidente. Una vez la ganadería pasó a los nietos de Trifino, los hermanos Gamazo y Manglano (José María, Francisco e Íñigo), estos introdujeron reses de Santa Coloma, las cuales definen la ganadería en la actualidad, perdiendo así su tradicional casta navarra. En 1980 crearon asimismo un nuevo hierro, ‘El Quiñón’, con vacas y sementales de Sancho Dávila. En la actualidad, los toros y novillos del ‘Raso de Portillo’ siguen pastando en una finca de alrededor de 800 hectáreas, dando continuidad a una casta rodeada de pureza, constancia, trabajo y dedicación.

Fuentes: ‘Boecillo y sus gentes’, Cándido Martínez y Fernando García de la Cuesta. / ‘El Raso de Portillo y su ganadería’, Asís Gamazo – Asociación Cultural Villa de Aldeamayor. En las imágenes, etiqueta de botella de vino que hace referencia a la ganadería de El Raso, y vivienda de Trifino Gamazo ubicada en el centro de Boecillo.