Tras los pasos de San Pedro Regalado

Un reciente programa de voluntariado ambiental recupera la fuente del antiguo convento franciscano de Laguna, donde vivió el patrono de Valladolid. Repasamos su historia

Bajando hacia el Duero por el camino colindante a la urbanización Bosque Real se encuentran los pocos restos que quedan del Abrojo, un convento franciscano que puso a Laguna en el mapa de las cortes medievales y potenció durante siglos el crecimiento de la aldea. Conocido por su más célebre morador, San Pedro Regalado, el enclave ha sido limpiado recientemente a través de un programa de voluntariado. Las piedras centenarias del muro del pagamento han vuelto a ver la luz tras el tiempo ocultas en la maleza, recordando el lugar favorito por diversos monarcas para reposar, cazar y rezar.

Hay que remontarse a 1415, año en que se fundó el convento de Santa María del Abrojo -llamado así por las plantas que invadían el margen del río- para entender la historia del lugar. Los franciscanos lo erigieron como recinto humilde de penitencia, austeridad y disciplina en el que vivir con normas de pobreza y sacrificio. Y así fue. Las condiciones de vida allí eran durísimas: vestían sayal basto, propio de gente humilde, apenas los enfermos comían carne, había perpetuo silencio bajo castigo de mordaza, arduo trabajo diario y camas sin colchón en celdas oscuras. Entre tantos pesares los frailes se fueron ganando el favor de los laguneros, que sustentaban el convento con donaciones de alimentos y limosnas. De hecho cada año tenía lugar una procesión con estandartes como muestra de devoción. Sin embargo fue la llegada de Pedro el de la Costanilla lo que hizo crecer la fama del eremitorio por toda la corte. Sus milagros fueron sonados en pueblos y comarcas, al tiempo que se contaba que por las noches, entre profundos éxtasis, se dejaba ver junto al fraile una columna de luz dorada por la que descendía el fundador de la orden, San Francisco de Asís. De ahí el apelativo del convento Scala Coeli (escalera del cielo).

Pronto el lugar dio buenos frutos y llamó la atención de los monarcas. Primeramente fue Juan II quien se volcó con el lugar, otorgando privilegios a la aldea lagunera que ayudaron a sobrellevar la precaria situación de sus gentes. Fue Isabel la Católica quien mandaría construir una casa real donde descansar junto al convento. Posteriormente Felipe II halló en el lugar un sitio de caza abundante en liebres, perdices y conejos. Fue él quien mandó cercar el Bosque Real para encerrar a sus presas -así se las ponían a Felipe II-.

La predilección de los monarcas se siguió sucediendo hasta el siglo XVIII, mientras que por devoción las personalidades más imponentes de Laguna ofrecian fortunas al eremitorio para ser enterrados en sus límites. En 1624 un incendio acabó con el convento y el palacete real. Gracias a la mano de Felipe IV se reconstruyó, aunque no volvió a recobrar su esplendor previo. Por otro lado, en 1746 Valladolid vivió las mayores fiestas de su historia, que duraron 17 días, para celebrar la canonización de San Pedro Regalado, el primer santo vallisoletano y patrón de la ciudad. La historia, no obstante, no fue benevolente con los restos del convento, maltratado por una fuerte riada en 1788 y con sus terrenos finalmente vendidos tras las desamortizaciones. Las pocas reliquias del santo que vivió en Laguna serían desplazadas a otros lugares, perdiéndose la posibilidad de mantener un lugar de peregrinación.

Rehabilitación del convento de la Aguilera en Burgos

Entre los muchos milagros que se le atribuyen a San Pedro Regalado, cuentan que en ocasiones se le vio, al mismo tiempo, en el convento del Abrojo y el eremitorio de la Aguilera, también de los franciscanos, que se encontraba a 14 leguas de distancia. Este fue su milagro de bilocalización. Ha sido precisamente un lagunero, el carpintero y ebanista Gregorio Basante, quien ha trabajado recientemente en las labores de rehabilitación de la tarima de este convento burgalés. En la ultima imagen de la galería fotográfica se aprecia el tratamiento de esta tarima.

Fuente: El Cronicón (2004), Javier Palomar del Río

Fotografías del voluntariado realizadas por Santiago Bermejo. También se incluyen fotos del estado del palacete real, ubicado en el interior del Bosque Real.

 

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