Fecha: 7 junio, 2017

La banda edita su primer disco y encara sus primeros conciertos con un estilo definido y trabajado que apuesta por ganar su plaza en los festivales

Lejos del eco de la radiofórmula y de una escena emergente donde el indie fagocita, cada vez más, los carteles de los principales festivales, nace en Laguna un proyecto que comenzó con sabor a rap y que se condujo a sí mismo por los derroteros del hardcore y del metal. Hablamos de SEZ, una banda local que ha evolucionado durante sus tres años de andadura hasta condensar todo su trabajo en un primer disco que ve la luz sin nombre y que ya está a la venta en el Café Bar Leño y en el Bar Hendrix.

Tras dos conciertos de presentación celebrados en abril -el primero de ellos en El Barco de Ávila y el segundo en Valladolid- la banda compuesta por Joshua, Enrique, Zoran, Luismi y Alex se pone manos a la obra para preparar los directos que llevarán su trabajo al máximo número de escenarios posibles. La promoción del disco es, indudablemente, la razón de ser del mismo, habida cuenta de que “tenemos bastante claro que su venta, como mucho, nos permitirá recuperar la inversión”, en sus propias palabras. En una escena donde la música es ya algo “prácticamente gratis”, los laguneros ponen la vista en los festivales rock para abrirse puertas, aprovechando la ventaja de que, en los últimos años, cada vez proliferan más este tipo de eventos.

Para competir con las bandas emergentes de la escena cuentan, como principal herramienta, con un disco con un sonido de buena calidad y canciones bien elaboradas que recoge la trayectoria de estos años. “No nos define un hardcore de garaje, ni nos basamos en los típicos cuatro acordes: aquí hay trabajo de riffs y arreglos que no solo marcan la diferencia, sino que, además, aportan algo nuevo en este campo”, afirman, incidiendo en que “un directo potente” es otra de sus señas de identidad. “Hay que mover mucho el producto y tocar en todos los lugares que podamos, sea donde sea”, afirman, reconociendo que esto se hace cada vez más difícil al tener cada uno su trabajo y limitaciones. Todos ellos cuentan, afortunadamente, con un bagaje que deben a su pertenencia a otras bandas, con lo cual los directos no son ningún reto nuevo.

Precisamente a estas longevas vivencias musicales le debe el grupo las inumerables influencias que pesan en el disco. Desde Limp Bizkit a System of a Down pasando por Rage Against The Machine, Narco o Hamlet están presentes, de alguna manera, en los temas de los laguneros, cuyos gustos personales son completamente heterogéneos. A la hora de cocer toda esta amalgama de estilos, es Zoran quien echa mano del Matt Bellamy que lleva dentro para construir una base instrumental sólida, potente y acorde con las duras letras de las canciones.

Estas, que suelen partir de ideas originales de Luismi encauzadas por el saber hacer lírico de Joshua, hablan de problemas sociales, de marginación, religión, bullying, corrupción, hipocresía o incluso sobre el drama de los refugiados. “Son temas que reflejan el panorama social de manera crítica, la enfermedad que seguimos viendo a nuestro alrededor, aunque es cierto que no vivimos precisamente en Medellín, pero hay muchas cosas que nos gustaría que cambiasen”, afirman.

Con la convicción de unas letras que, además, sirvan para despertar conciencias, y las ganas de quien acaba de ver nacer su proyecto, los laguneros ven posibilidades en que, con mucho sacrificio, trabajo de ensayos y, sobre todo, moviendo el disco, las oportunidades les permitan ir ganando peso en los escenarios.

Frente a ellos, la indiferencia de un universo mainstream que no deja lugar a este tipo de corrientes musicales, la competitividad de una escena cada vez más rica y en boga en todo el país -los festivales se han multiplicado este verano- y el reto de producir un trabajo cuya calidad llame la atención en concierto y permita otra posibilidad más que les acerque al circuito nacional.

Fotografías: Aitor Cosín.