Fecha: 11 septiembre, 2015

El novillero afincado en Tudela de Duero da un recital de toreo ante los imponentes utreros portugueses de Condessa de Sobral

Novillada muy seria la lidiada ayer en el coso lagunero, con seis ejemplares sobrados de trapío que pusieron a prueba la solvencia de la terna novilleríl. Sobresaliente la actuación del mexicano Gerardo Rivera, que se erigió en el único triunfador de la tarde al cortar las dos orejas del quinto, un novillo de excelente condición con el que cuajó una brillante actuación en todos los tercios.

Hasta cinco largas cambiadas de recibo y un vistoso quite por lopecinas con el capote, tres pares de banderillas ejecutados con limpieza y precisión y una completa y variada faena iniciada rodilla en tierra. En su haber, las únicas series de muletazos ligados de toda la tarde, en los que corrió la muñeca con temple, gusto y torería. De no haber pinchazo dos veces antes de colocar una entera, sin duda habría obtenido los máximos trofeos de un novillo premiado a su vez con una vuelta al ruedo. El mexicano ya había estado muy por encima de su primero, un astado complicado y reservón con el que se mostró en todo momento muy firme.

Buenas maneras mostró el cacereño Javier de Prado con el difícil lote que le cayó en suerte, dos novillos escasos de casta que llegaron muy parados a la muleta. Sus lances a la verónica fueron lo más destacable de su labor con ambos, a los que también pareó con desigual resultado. Pese a su desacierto con la espada, sus dos voluntariosas faenas fueron reconocidas respectivamente con ovación y petición minoritaria no atendida por la presidencia.

Y mal sin paliativos el tercero de la terna, el madrileño, Jesús Martínez, muy desconfiado y afligido con el primero de su lote, otro novillo reservón y descastado que le desarmó en los lances de recibo y al que no consiguió meter en la muleta. Pese a ello y al bajonazo con el que le despachó,  dió una vuelta al ruedo tras una incomprensible petición minoritaria. Lo peor es que desperdició por completo la notable condición del sexto de la tarde, un novillo que se le fué sin torear y con el que marró tan reiteradamente con el estoque que acabó escuchando un aviso. Menos mal que para entonces el mexicano Rivera ya había salvado la tarde.