Fecha: 26 agosto, 2014

Nacido y criado en Laguna, Nino Herrera vino al mundo en el año 1935, cuando su madre dio a luz en la Calle el Sol. En una España en plena Guerra Civil, la familia Herrera vivía del campo y de su panadería, oficio que heredo nuestro protagonista. Toda una vida dedicada a dar de comer a los vecinos de Laguna, donde en plena Post Guerra el pan pasó a convertirse en un bien de lujo. Hoy nos recibe en su casa, para contarnos como era el Laguna de aquel entonces.

¿Cómo era Laguna por aquel entonces?

Era una localidad que estaba llena de barros, un pueblo con todas las letras. Nosotros como panaderos no teníamos un vehículo, por lo que este era un carro tirado por un animal con el que recorríamos casa por casa repartiendo el pan.

¿Y su día a día como panadero?

Nos levantábamos a las dos de la mañana todos los días, y nuestra jornada duraba hasta las 4 de la tarde. Yo luego también me iba al Pinar de Antequera, bajando por las fincas de la Rubia y del Arca Real. Estuve más de 10 años repartiendo con el carro con mi hermana Pauli. Con 31 años ya compramos la primera furgoneta.

¿Cómo era el proceso de reparto?

Nosotros el reparto lo llevábamos con un carro. Antaño algunas mujeres me daban un palo. Cuando las pagaban a final de mes ellas me daban el coste del pan de todo ese periodo gracias a unas muescas que hacíamos en el propio palo para saber cuánto nos debían. Me acuerdo que lo tenía que guardar como oro en paño. Recuerdo que cuando llegábamos a las casas los niños nos esperaban allí. Eran tiempos de la postguerra donde el hambre era la tónica predominante del día a día.

¿Dónde fabricaban el pan?

Lo hacíamos en la Panadería Carmen , familia nuestra. El trabajo todo quedaba en casa. No había muchos panaderos por aquel entonces. Estaba Emiliano en la Plaza Mayor y poco más, ya que era un pueblo muy pequeño.

¿Qué anécdotas guardas?

En el mes de agosto me acuerdo que veníamos por la carretera de Doña Eulalia. Se nos cayó la mula, que tenía cuatro metros de alzada y venían los de Niños que iban a comprarse el traje para las fiestas. Ellos nos ayudaron a levantar a la mula para proseguir el camino. También recuerdo esos inviernos en los que nevaba de verdad. Tenía que poner en las manos de a la mula unos sacos para que no se resbalara. A veces llegaba la nieve hasta la cintura.

¿Cuánto pan hacíais?

Cuatro o cinco sacos de 100 kilos. Por las tares nos tocaba ir a por leña porque los hornos eran funcionaban solo con madera y no teníamos otra opción. Hacíamos sobre todo pan candeal, aunque también richies.

¿Cómo eran esos años de los post guerra?

Nosotros ayudábamos a mucha gente que lo pasaba mal. Me acuerdo como por debajo del carro cuando iba a repartir con mi hermana nos metían la mano para intentar robar un pedazo de pan con el que llevarse a la boca. Nos encargábamos tras la Guerra Civil de dar el pan perteneciente a las cartillas de racionamiento. La gente venía con los cupones y tú se los recogías. El hambre por aquella época era tal que a veces te veías obligado a tender la mano a aquellos que todavía tenían una situación de hambruna mucho peor. Los años 40 en Laguna fueron muy duros, por eso cuando ahora la gente habla de crisis, antaño sí que se vivía un drama económico y alimentario.

¿Cómo ha cambiado laguna desde entonces?

Antes era todo más natural. Era un pueblo muy pequeño y tenía un gran ambiente familiar donde todos nos conocíamos. La plazuela estaba siempre llena. El Bar del Zakeo era uno de los centros neurálgicos de la actividad por aquellos años.