Tras doctorarse en matemáticas, Miguel Fernández logró un puesto como investigador en la Universidad Nacional Autónoma de México, donde encabeza varias líneas de trabajo teórico, participando en seminarios y congresos. Allí, y con motivo de los recientes procesos electorales, se ha convertido en testigo de los profundos cambios sociales que atraviesa la sociedad mexicana.

Se doctoró en matemáticas en Valladolid, en cuya Universidad trabajó, incluso como docente, durante cuatro años. Consciente de las dificultades de continuar su carrera como investigador en España, el lagunero Miguel Fernández consiguió finalmente plaza y proyecto en Ciudad de México, un país puntero en su campo, donde cumple su segundo año de contrato postdoctoral.

¿En qué consiste tu proyecto en Ciudad de México?

En realidad ya había estado en México, en dos congresos, en 2011 y 2014. Al acabar el doctorado quería seguir como investigador, y tras barajar otros países como Brasil me concedieron un contrato aquí, donde financian mi proyecto y mis líneas de trabajo.

¿En qué sentido se enfocan tus investigaciones?

Básicamente pienso problemas, obtengo resultados nuevos y los expongo en artículos, además de participar en diversos seminarios. Lo mío es la matemática teórica, preguntas casi filosóficas vistas desde un punto de vista casi artístico, sin enfocarlo a problemas concretos.

¿Qué ventajas has encontrado en la vida de allí?

Es un país extremadamente amable, en la calle hay mucha vida, otro carácter y gente muy abierta. Ciudad de México asusta por el tamaño, pero es espectacular e interesantísima, con una gran variedad cultural. Tengo la suerte de poder vivir en Coyoacán, un barrio muy tranquilo que parece un pueblecito andaluz. Otra parte positiva es la gastronomía, de la que estoy enamorado, o detalles tan impresionantes como la celebración del Día de los Muertos. Aparte he podido viajar, por trabajo, por otros estados completamente distintos, como Morelos o Oaxaca.

A tu llegada, en 2017, fuiste testigo del la devastación producida por los terremotos…

A los diez días de llegar, el 19 de septiembre, y precisamente en el aniversario del terremoto de 1985, hubo un sismo que dejó casi 400 muertos y más de 7.000 heridos, con mucha destrucción. Fue una situación bastante complicada, aunque como parte positiva se vio la solidaridad de los mexicanos. Desde el minuto uno sobraron las manos para salvar a gente, en una ola de solidaridad organizada desde el estado civil impresionante. Como extranjero sentía la impotencia de querer ayudar y no poder, aunque colaboré en lo que pude.

Otro fenómeno que acabas de vivir es el de las elecciones, que han sido especialmente intensas…

Ha sido un proceso muy interesante, con un gran cambio porque ha ganado un partido nuevo que había perdido, en dos ocasiones, bajo sospechas de fraude electoral. Ha sido un David contra Goliat, con una campaña en contra de este movimiento, aunque ahora se están moderando los discursos. Se ha visto esperanza en la gente, había cierto temor a una escalada de violencia, y la victoria ha sido incontestable.

¿Crees que existe esperanza para acabar con problemas como el ‘narco’ o la corrupción?

Ambos problemas son el mismo, y la gente ha votado cambio como respuesta a esta lacra. No se puede pensar que el narcotráfico es algo aislado; aunque su violencia esté localizada en los estados norteños -en Ciudad de México no encuentras ningún problema- siempre que cae un grupo de narcotraficantes con ellos caen políticos, policías o militares. Está todo ligado, y es que México es una frontera estratégica. Aún queda mucho para ver cualquier cambio significativo.

Y después de todo el discurso mediático de Trump, ¿Qué imagen sigue teniendo en el país?

No hay nada que una más que un enemigo en común. Si Trump ya nos parece grotesco en España, aquí directamente ha unido a los candidatos de partidos de todos los colores en un discurso común en su contra. Es algo lógico: cada vez que habla de México es de una forma tremendamente despectiva…

Con todos los españoles que viven en Ciudad de México, ¿Se puede hablar de una tercera oleada?

Muchos españoles llegaron en los siglo XIX y XX, y después durante la Guerra Civil y la posguerra. Por eso hay tantos negocios de nietos de españoles. Hoy vivimos una tercera oleada, sobre todo en Ciudad de México, de jóvenes con buena formación que se aprovechan de que su mercado laboral es muy dinámico.

¿Cómo te planteas tu futuro a medio plazo?

En principio pretendo seguir en la academia. Trabajar como investigador puro es muy complicado, no existen los puestos permanentes. Aún así, una vez que acabe, en función del currículum que estoy haciendo aquí, intentaré volver a España. México tiene unas condiciones excelentes y es un país puntero en el campo de las de las matemáticas, pero llega un momento en el que no puedes estar moviéndote toda tu vida. La investigación atraviesa un mal momento en las Universidades públicas en España, tal y como todos sabemos, pero bueno. Tengo este año para pensármelo, pero me gustaría volver, porque al final vivir cerca de tu gente es lo que más te llama siempre.