Fecha: 28 mayo, 2015

Tras 37 años al cuidado de ovejas, el último pastor de Laguna ha visto desaparecer los últimos rebaños del municipio

Decidió seguir el oficio de su padre con tan solo 14 años. Ganó experiencia en los pastos de La Moraña, su tierra de origen, y en 1994 se trasladó de Arévalo a Laguna. Hoy, Mariano Vaquero lleva 37 años al frente de un rebaño, y se ha convertido en el último pastor que queda en el municipio.

”Apenas nadie quiere ya este trabajo y, con el tiempo, este oficio se está perdiendo”, lamenta Vaquero mientras revisa las 700 ovejas del rebaño. Es una labor que hace rigurosamente cada mañana, y precisamente este alto compromiso los 365 días del año es lo que echa para atrás a muchos productores. Mariano ha visto cómo, desde su llegada a Laguna hace veinte años, los cuatro rebaños que quedaban en el municipio han ido desapareciendo uno tras otro. ”La gente iba vendiéndolos porque ya no merecía la pena: hoy en día hace falta tener muchas ovejas para que esto sea rentable”, sentencia.

Ha sido, precisamente, el aumento de los gastos e impuestos lo que ha hecho que muchos se lo piensen dos veces a la hora de dedicarse a la cría de ganado. “Se habla mucho de apoyar al medio rural pero cada vez hay más dificultades en este sector”, protesta. Aún con todo, Vaquero no cree que exista peligro de que las ovejas desaparezcan del municipio. En cuestiones de trabajo, el pastor cuenta con cada vez más ayuda gracias a la automatización del proceso de ordeño. Vaquero aún recuerda los años en los que cargaba a dos mil ovejas en trenes con dirección a los pastos más fértiles del norte de Palencia, mientras que hoy este tradicional transporte ya no es necesario. A pesar de todo inconveniente, el último pastor del municipio lo da todo, día tras día, para mantener la ganadería ovina en Laguna.

Producción local de lechazo y leche

El rebaño al que cuida Vaquero se compone de 700 cabezas de ganado que sirven para la producción de carne -los lechazos son vendidos en la Carnicería Geñín- y leche, la cual es utilizada en la elaboración de quesos. Aunque antíguamente se aprovechaba la lana, el bajo precio de hoy en día -cercano a los 30 céntimos por kilo- hacen que este producto ya no sea rentable.