Fecha: 7 enero, 2016

Entrevistamos a Quique Martín, hijo del “Pecero”. Su padre y su tio suministraron pescado durante la posguerra

En tiempos de hambruna y en plena posguerra, los recursos naturales y sin aparente interés económico para el común de la sociedad actual, eran aprovechados por los vecinos de Laguna de Duero. El ejemplo más claro fue la familia Adeva, con Enrique y Andrés a la cabeza, más conocidos como “Los Peceros”.

Hoy nos recibe Enrique Martin -hijo de Enrique-, quien nos cuenta buena parte de aquellos retales de una vida marcada por la necesidad de sacar adelante a una familia de 9 hijos, y de un cabeza de familia que que alternaba la veda de la pesca con la de esquilar a las ovejas. Enrique recuerda como su padre y su tío “utilizaban los cajones del pescado para cargar las máquinas de corte y con sus derbis llegaban incluso a ir hasta la frontera con Portugal”.

En fiestas montaban un chiringuito, donde vendían a 3 pesetas un pez con pan y un vaso de vino: “mi madre María salía con el carretillo y ella misma sacaba a la venta el género de mi padre”, recuerda Enrique. Por aquel entonces, los médicos recomendaban comer pescado blanco, y lo más cercano a esto en Laguna era el barbo, por lo que muchos vecinos acudían a la casa de María -ubicada en el Barrio Villalatas (hoy Calle Huertas y aledaños) para pedirle que les guardara alguna pieza para sus maridos.

Los Peceros vendían también su género en otros pueblos. Andrés solía hacer la ruta de Aldeamayor, Arrabal, la Aldeílla o Mojados, mientras que Enrique se ocupaba de hacer Boecillo o Puente Duero. Enrique hijo aún recuerda cómo celebraban el día de Santiago con una romería: “cerca de 70 vecinos bajábamos con los carros hasta la Laguna, donde mi padre tenía una barca fija”. Por la mañana hacían una gran paella y por la tarde Enrique Padre montaba a buena parte de la juventud para ir a pescar algún pez con el que merendar al atardecer.

Entre las anécdotas, destaca sobre todo una, y es cómo a pocas semanas para la boda de su hijo Angelín y ante la falta de dinero, Enrique ofreció a sus descendientes ir a echar unas “mangas al Pisuerga” para sufragar el coste de la despedida de soltero con el objetivo luego de venderlas en Aldeamayor. Quique recuerda cómo aquel día con el frío como protagonista, en la vuelta de Nicas -curva que hace el Pisuerga a la altura de Santovenia- “pasé verdadero miedo por mi padre y mi hermano, ya que había mucho caudal y cogimos entre 60 y 70 kilos de barbos, dejando prácticamente la barca vertical”.

Pesca de antaño

Los dos hermanos pescaban con redes (trasmallos y pandillas). Con ellos recorrían los cauces del Duero y el Pisuerga. Empezaron con una barca, pero con el tiempo llegaron a hacerse con hasta seis. Remontaban las corrientes desde Laguna por Pesqueruela, hasta Dueñas y la desembocadura del Carrión en el Pisuerga. El paso de los años les llevó a utilizar furgonetas para trasladar el género, también vía tren, cuando la pesca era por el Pisuerga, donde aprovechaban la estación de Dueñas para descargar. Del lago poco se podía sacar, aunque cuando fue desecado buena parte de la juventud de laguna probó las famosas tencas de la laguna.