Fecha: 2 septiembre, 2014

Creada por una decena de adolescentes, la peña llegó a contar con 456 personas

Entre las peñas más representativas de Laguna de Duero se encuentra una con gran espíritu familiar cuyo crecimiento llegó hasta límites insospechados. Fundada a principios de los 70 por nueve jóvenes -entre ellos Nino Herrera y la familia Enjuto- la peña llegó a unir a 456 peñistas sin contar con los niños en sus mejores tiempos. Según relata Fernando Sancho, quien fuera su presidente durante los primeros años, la vida de los Incas en fiestas se hacía en su local -que cambió de ubicación hasta en cuatro ocasiones- donde se celebraban incluso capeas, cuyas vaquillas servían después para las numerosas comidas y cenas. Fernando Sancho recuerda con nostalgia cómo se organizaban sus integrantes para acudir, al ritmo de la charanga, a la plaza de toros, y afirma que “todo se hacía entre amigos y con las puertas abiertas”.

Al igual que Sancho, Javier Labajo y Mariángeles Pérez, también exmiembros de la directiva, recuerdan que “Los Incas llegó a ser algo más familiar que juvenil”, e inciden en el esfuerzo que suponía organizar a tanta gente de forma “catastrófica aunque divertida”. Ambos aseguran que las fiestas cambiaron mucho con la llegada masiva de población a Laguna: si bien ello ayudó a que sus filas aumentasen, poco a poco las fiestas se hacían cada vez más urbanas. Finalmente, factores como la crisis hicieron que el número de peñistas disminuyese. Los expeñistas coinciden en que “sin peñas no hay fiestas”, y confían en que la evolución y el cambio no terminen con la dinámica de las peñas en Laguna.