Fecha: 1 julio, 2014

Ojos ávidos de vida, impregnados del conocimiento de 86 años de experiencia, que laten al ritmo de las millones de melodías salidas de su dulzaina. Ese es Librado Rogado, dulzainero y vecino de Laguna de Duero. Un hombre sencillo que a los 12 años y fruto de la pasión de su padre por este instrumento, decidió dedicarse a su segundo amor en la vida, la dulzaina, ya que el primero es su mujer.

¿Por qué eligió la dulzaina como instrumento?

Elegí este instrumento gracias a mi padre, y la verdad es que fui todo un privilegiado, porque en los pueblos no había ni luz eléctrica, había tres o cuatro transistores, y la dulzaina era un entretenimiento.

¿Cómo fueron sus inicios?

Con 19 años ingresé como militar y entré en su banda de música. Hice oposiciones en Valladolid para Cabo-músico. Me tuve que licenciar porque entonces no había plazas de sargento. Hice de cartero, zapatero… En mi traslado a Llanes formé una Orquesta aparte de una zapatería.

Usted acompañaba a su padre con la dulzaina. ¿Qué recuerda de esos años de posguerra?

Mi padre y yo acudíamos a las fiestas y celebraciones a tocar por poco menos que el alojamiento y la comida. En aquella época éramos unos privilegiados, ya que había una gran hambruna y la gente estaba deseando acudir a estos actos para comer bien. Recuerdo cómo para comer a veces ponían alubias con chorizo, y para cenar chorizo con alubias.

¿Cómo eran esos días de dulzainero?

Dormíamos en muchas ocasiones en sacas de paja. Teníamos que tocar la diana por la mañana, después acompañar al alcalde y las autoridades a la misa. Luego tocábamos en misa, la procesión de dos o tres horas con su posterior séquito hasta la casa del alcalde. Por la tarde nos tocaba ir a la capea de vacas y luego al baile de por la tarde y de por la noche.

¿Cómo fue su vida musical aquí en Laguna?

La verdad es que aquí no he tocado mucho, ya que no se han acordado mucho de mí. He tocado con todos los grupos de danzas de Valladolid. En Laguna he tocado con el grupo Abrojo hace 10 años. Estuve también como director de la Escuela Municipal de dulzaina en los 80 durante ocho años. Allí daba clases a diez o doce niños y alguno no sabía ni tocar, lo que fue un gran sufrimiento. Solo salió uno y actualmente toca como dulzainero con Los Villa.

Por último, ¿qué les diría a los ciudadanos para que esta tradición no se pierda?

Es una pena que la gente no conozca este instrumento. Tenemos nosotros la culpa ya que a veces promocionamos por ejemplo las sevillanas y no lo que es nuestro. Somos unos ignorantes, no valoramos lo nuestro y sí lo de fuera.