Fecha: 8 mayo, 2017

La periodista Rosa Martínez y el secretario de salud laboral y Medio Ambiente de CC.OO., Mariano Sanz, protagonizaron un acto este lunes en Laguna destacando los riesgos de un material que aún sigue presente en nuestro día a día

Izquierda Unida organizó este lunes un encuentro que, bajo el título ‘Amianto, un asesino entre nosotros’, sirvió para analizar la peligrosidad del amianto, una sustancia que en concreto se utilizó masivamente durante décadas en la fábrica de Uralita de la Carretera de Madrid y que, según los expertos, sigue presente en la actualidad. El concejal de IU-LEM, Jesús Salamanca, fue el encargado de recibir a la periodista Rosa Martínez y el y el secretario de salud laboral y Medio Ambiente de CCOO Mariano Sanz, dando paso al visionado de ‘Horas de Silencio’, un documental que expone este problema de toxicidad en Valladolid y sus consecuencias.

Los más de medio centenar de presentes en el acto tuvieron ocasión de informarse acerca de la incidencia en la salud por el uso de este material, como el mesiotelioma, un tipo de cáncer que han acusado especialmente los trabajadores en contacto con el amianto. El acto sirvió para hacer un resumen histórico del funcionamiento de la fábrica de Uralita en Valladolid, que abrió sus puertas en 1966 y cuya exposición en el día a día, según la asociación de víctimas del amianto de Valladolid, (AVIDALID), ha producido «la muerte de cerca de 400 trabajadores».

Según Martínez y Sanz, es muy difícil cuantificar el impacto en la salud de todas las personas afectadas, aunque según ellos «el problema ya se conocía desde incluso el siglo XIX». En España, particularmente se prohibió el uso de este material en 2002 -en Noruega esto ocurría en 1984- y la aparición de casos de enfermedad ha hecho proliferar diversos procesos judiciales. «Las compensaciones han de resolverse en los tribunales, pero reclamamos un fondo de compensación para evitar a las víctimas el calvario de los juicios y procesos que las empresas dilatan», afirmaron en el acto.

Según los testimonios recogidos, el amianto azul se portaba, en las fábricas vallisoletanas, en sacos que los trabajadores cargaban a hombros, y la falta de una legislación impedía cualquier tipo de medida de protección. Según los ponentes, aún hay necesidad de retirar en condiciones de seguridad el amianto que queda en la actualidad, siendo importante censar donde se encuentra para que la prevención sea más adecuada. «Los efectos del amianto perdurarán hasta el 2030», advirtieron, insistiendo en la importancia de «pedir responsabilidades políticas y económicas además de resarcir del daño a las víctimas».