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La lagunera reside, desde hace siete años, en Holanda, donde ejerce como investigadora y profesora en la Universidad

Cuando estudió Administración y Dirección de Empresas, Isabel Estrada aún no era consciente de que su vocación investigadora le llevaría hasta Holanda. Allí ha encontrado el lugar ideal donde establecerse y formar su familia, al tiempo que trabaja como profesora universitaria y coordina distintos proyectos sobre innovación organizativa.

¿Cómo fueron tus primeros pasos en el mundo de la investigación?

Desde siempre he sentido curiosidad por entender el porqué de las cosas, desde muy pronto tuve claro que quería dedicarme a la investigación. Justo después de licenciarme, en 2006, empecé a colaborar como becaria de investigación el Departamento de Organización y Dirección de Empresas de la UVa. Desarrollé mi doctorado primero con una Beca de Investigación y después con un Contrato para Jóvenes Investigadores de Reciente Titulación Universitaria. En el marco de este último contrato recibí una beca para realizar una estancia de investigación en el extranjero, y es así como recalé en el norte de Holanda.

En principio vine a trabajar un par de meses con un catedrático de reconocido prestigio en mi campo. En mi tesis doctoral me centré en las estrategias de colaboración entre organizaciones para el desarrollo de innovaciones (tema que sigue ocupando el grueso de mi labor investigadora). Aproveché esos meses en el norte de Holanda a tope, personal y profesionalmente. A raíz de esta estancia, y una vez terminé el doctorado, conseguí una plaza como profesora universitaria -la docencia siempre ha sido otra de mis pasiones- y ya me mudé definitivamente a los Países Bajos.

¿Cuál es exactamente tu papel en la Universidad?

Actualmente estoy involucrada en diferentes asignaturas y programas (grado, máster, máster de investigación), fundamentalmente sobre la innovación organizativa y las estrategias de colaboración para la innovación. Participo como docente pero también soy coordinadora de algunos de estos cursos y programas de estudios.

¿A qué conclusiones has llegado, en definitiva, en tus investigaciones?

Hoy en día las empresas necesitan cooperar con otras organizaciones y crear alianzas para desarrollar innovaciones, ya que estos requieren combinaciones de conocimiento y tecnología que raramente una sola empresa posee por sí misma. Pero cooperar no es fácil, hay muchas barreras por las que las alianzas pueden irse al traste: falta de entendimiento y confianza, conflictos de intereses… Mis proyectos se centran en las ‘estrategias colaborativas de alta complejidad’, como son las alianzas entre empresas y universidades o las alianzas entre competidores. Entre otras conclusiones, los artículos que he publicado destacan que en las alianzas empresa-universidad no basta con tener un proyecto prometedor; los socios tienen que hacer un esfuerzo coordinado. Cuando los que cooperan son dos empresas competidoras es crucial fomentar una ‘rivalidad amistosa’ en el terreno de la alianza, evitando poner en riesgo su posición en el mercado.

¿Qué ventajas has encontrado viviendo allí?

Los Países Bajos es un lugar privilegiado para los “expatriados”: un lugar de gente abierta, tolerante y respetuosa. A pesar de todas las diferencias culturales con el sur de Europa, que son muchas. Puede ser que el mundo académico es más abierto y multicultural per sé, y es cierto que la universidad holandesa tiene una vocación muy internacional. Cabe destacar la facilidad que ofrecen con el idioma. Yo sólo chapurreo holandés y aunque puedo entender bastante, realmente vivo y trabajo en inglés. La experiencia me ha enriquecido muchísimo, aquí he encontrado buenos amigos, de diferentes países, y eso me ha dado un prisma diferente con el que mirar al mundo. Venir a Holanda me ha permitido desarrollar una buena carrera profesional y formar una familia multicultural. Por supuesto, no todo es de color de rosa. Se echa de menos a tu gente (además de la comida y el clima). Sobre todo es difícil no poder estar en los momentos difíciles junto a los tuyos.

Como investigadora… ¿Qué cambios consideras necesarios en España para evitar la ‘fuga de cerebros’?

El panorama en la universidad española y en la investigación es bastante malo, por no decir desolador. Es una pena, porque en casos como el mío, que han sido muchos, el doctorado se financia con recursos españoles pero al final los resultados académicos no benefician necesariamente a las instituciones españolas. Para mí, la solución está en invertir en ciencia e investigación. Debería ser una prioridad política. Además esto es una carrera de fondo: sólo si la inversión es sistemática y sostenida en el tiempo podremos llegar a tener un sistema de investigación de calidad.

¿Cómo te planteas tu futuro vital y profesional?

Mi vida está totalmente hecha aquí. En este sentido, es fácil para un expatriado pasar del desarraigo al arraigo en el país de acogida, sobre todo si te has ido de casa en los años centrales de tu vida. Actualmente tengo un proyecto profesional muy interesante aquí. Además, en casa consideramos que el norte de los Países Bajos es un lugar excelente para ver crecer a nuestra familia. Pero una vez que has dejado tu casa una vez, ningún destino se antoja definitivo. La vuelta a España, eso sí, la veo bastante improbable, al menos por ahora.