Fecha: 24 enero, 2022

Criado en una aldea que apenas superaba los doscientos habitantes, el jurista emprendió una meteórica carrera en Madrid, llegando al cargo de Ministro y convirtiéndose en una de las personalidades más influyentes de la España de la Restauración, gracias a lo cual consiguió grandes avances para Boecillo y la provincia.

Basta dar un simple paseo por las calles y plazas de Boecillo para entender el enorme peso histórico que ganó la familia Gamazo en el municipio. Su legado sigue presente en los numerosos edificios y palacios erigidos en la localidad a lo largo del pasado siglo, cuando alcanzaron su apogeo político y económico a nivel nacional. Y como muchas historias de éxito, esta empezó con orígenes humildes, en una aldea con apenas cuatro calles sin asfaltar que ni siquiera alcanzaba los doscientos habitantes. En medio de una economía de subsistencia orientada al vino y al cereal, nacía, a principios del siglo XIX, Timoteo Gamazo, padre de Germán Gamazo y precursor de esta notable saga familiar.

Huérfano de padre y madre, Timoteo fue criado por su abuelo materno, Bernardo Sanz, quien le dejó herencia suficiente para permitirse estudiar en la capital vallisoletana. Timoteo era consciente de que, en aquellos tiempos, la única forma de abrirse paso a nivel social era la formación en leyes, y por ello, después de formarse como maestro, desempeñó diversos cargos como escribano público, secretario y alcalde de Boecillo. Además, llegó a convertirse en notario y administrador del Patrimonio Real en Valladolid.

Paralelamente, tenía ambiciones empresariales, con lo que invirtió en sectores como el vino y la hostelería, además del ferrocarril, un sector en boga en esa España decimonónica que avanzaba hacia la modernidad. Gracias al colchón económico que le amparaba, Timoteo pudo enviar a sus tres hijos a estudiar Derecho a la Universidad de Valladolid, donde se codearon con compañeros que, años más tarde, resultarían futuros familiares o clientes políticos. Algunos eran de familias como los Maroto, los De la Mora, los Pimentel, los Solís o Los Maura. Gracias a esta red social creada, la saga vallisoletana de los Gamazo desarrolló las prácticas más comunes del caciquismo de la época para ascender y mantenerse en el grupo de las élites, tal y como señala la investigadora de la UVa Inés Sofía Hidalgo Marín.

Un abogado de 20 años con aspiraciones políticas

Uno de los hijos de Timoteo, Germán Gamazo, nació en 1840, y veinte años más tarde se licenciaba en Derecho. Se trataba esta de una carrera muy solicitada para obtener los conocimientos suficientes de la administración que le procurasen un puesto entre los altos cargos de la política. Sin embargo, para destacar, Germán debía trasladarse a Madrid, donde ganó experiencia como pasante en varios bufetes, como el de Manuel Silvela. Tras mucho esfuerzo y tras forjar numerosos contactos, el boecillano fundó su propio bufete en la capital en 1867, que pasaría a ser el más importante del país en su época.

Germán destacó, en su papel político, como buen orador, y pronto forjó un grupo de influencia en Madrid que le ayudó a movilizar apoyo electoral. Adscrito al partido liberal, el boecillano inició una carrera meteórica que duraría treinta años en el Congreso, donde fue Ministro hasta en cuatro legislaturas, con las carteras de Fomento, Justicia y Gracia y Ultramar. En política, Germán fue firme defensor del proteccionismo cuando cuando se trataba del cereal de Castilla -frente al producto extranjero- y del librecambismo cuando se trataba del vino, en una estrategia para potenciar la economía del entorno rural que le había visto crecer.

Favores al entorno vallisoletano

En una época donde el caciquismo imperaba como doctrina, Germán forjó, durante estos años, infinidad de contactos en su bufete, trazando una red clientelar de favores que garantizaba apoyos electorales. Así, mediaba para la promoción de ingenieros, abogados, inspectores y cargos de todo tipo. Se debía a su región de origen, donde residía buena parte de sus votantes, con lo que ayudó a conseguir trabajo a muchas familias de Boecillo, y veló para conseguir inversiones con las que impulsar el entorno rural vallisoletano.

Entre sus logros, medió para lograr la rehabilitación del municipio de Rueda tras un grave incendio sufrido, o la instalación de un puesto de la Guardia Civil en Mejorada del Campo. También abogó por la construcción del hospital provincial y de la facultad de Medicina de Valladolid. Particularmente en Boecillo, sus gestiones facilitarían la construcción de edificios civiles tales como el Ayuntamiento, el Cementerio o la sede del Círculo Católico.

Como devoto cofrade de la Virgen de la Salve, intercedió para la construcción de la actual Iglesia de San Cristóbal, después de arruinarse el templo debido a un incendio. Su mujer, Regina, le convenció para transportar a esta nueva iglesia el retablo barroco de la Colegiata románica de Cervatos de Pisuerga, en unas obras que culminaron en 1902, un año después de la muerte de Germán, de quien se decía que era “un hombre muy cercano y extremadamente amante de Boecillo”.

Acercamiento a la aristocracia

Germán supo darse cuenta de que los intereses políticos y económicos podían reforzarse gracias a la consanguinidad, que potenciaba las redes clientelares. Con los años, se fue tejiendo una red familiar a menudo forjada en el matrimonio, la cual empezó con la fusión con la familia Calvo, también perteneciente a la élite local. A partir de ese momento, se sucedieron las uniones matrimoniales incluyendo nuevos apellidos como Gimón, Pérez, Solís o Illera.

Paralelamente, algunos Gamazo también se casaron con importantes personalidades de otros puntos del país. Es el caso de Constancia, hermana de Germán, quien se casó con Antonio Maura. Ambos acabaron siendo padres de grandes cargos políticos como Miguel Maura. El propio hijo de Germán, Juan Antonio Gamazo, seguiría con esta tendencia casándose con Marta Arnús, perteneciente a una de las familias más adineradas de Barcelona, vinculada a la banca y a grupos de importancia económica como los Güell o los Ferrer. El ennoblecimiento fue, por tanto, otro de los objetivos de la familia, que con los años consiguió vincular la burguesía y la aristocracia.

Un legado con mucho potencial

Algunos negocios que mantenía Germán pasarían a manos de su hijo Juan Antonio, como el vinícola, el del cereal, el del vacuno o las innumerables rentas hipotecarias que iba adquiriendo la familia, que siguió invirtiendo en el sector ferroviario. Tras una enfermedad que duró tres años, Germán falleció en 1901, dejando una importante herencia a su hijo Juan Antonio, entre la que se encontraba su vivienda, construida en 1892 y que años más tarde sería derribada para erigir el Palacio de los Condes de Gamazo. Sin embargo, el legado más importante fue esa amplia red con la que Juan Antonio seguiría dando rienda suelta a un crecimiento económico que no fue ajeno al municipio de Boecillo.

Gracias a la mediación de Germán Gamazo, se construyeron varias edificaciones en Boecillo, como la Iglesia Neoclásica de San Cristóbal, el Ayuntamiento o el Cementerio. El boecillano sentía “predilección” por su pueblo y ofreció trabajo a muchas familias.

(Continúa próximamente)

Fuentes: ‘Boecillo y sus gentes’, Cándido Martínez y Fernando García de la Cuesta. / ‘La familia Gamazo: élite castellana en la Restauración (1876-1923)’, Inés Sofía Hidalgo Marín.