Fecha: 20 septiembre, 2016

Entrevistamos a Francisco Delgado, el primer alcalde de Laguna en democracia, que analiza la evolución del municipio y plantea sus principales retos de futuro 

Se crió en el seno de una familia con activismo de izquierdas; su paso por la universidad afianzó su oposición al régimen y, tras encabezar la candidatura socialista en las primeras elecciones municipales de la democracia, se convirtió, en 1979, en el primer alcalde de Laguna, y el más joven de España. Sus siguientes pasos fueron como presidente de la Diputación provincial, mientras que hoy, ya apartado de la política, Francisco Delgado vuelve la vista atrás para hacer balance del recorrido de nuestro municipio.

¿Cómo se vivió la transición en Laguna de Duero?

Al morir Franco, en Laguna se creó una asociación de vecinos, en cuya directiva participé. Era la manera de crear conciencia política y dar a conocer las necesidades que tenía el pueblo. Además, se creó la agrupación del PSOE en torno a un grupo de personas reducido. Había miedo a la militancia, y ocurría lo contrario a lo que pasa hoy: nadie quería ocupar los cargos. Yo estaba convencido de que íbamos a ganar.

¿En qué ambiente se vivieron las primeras municipales?

Al celebrarse en 1979 ya se habían dado pasos para normalizar la democracia, pero aún así se vivieron con cierta tensión y preocupación porque el cambio era muy radical. Ganó la izquierda con todas sus consecuencias -había gente del PCE en nuestras filas- así que procuramos dar normalidad y confianza. Bajo ningún concepto queríamos transmitir revanchismo, sino normalizar la democracia: ser democrático en aquellos años era, de por sí, una auténtica revolución.

¿Cómo fue empezar de cero?

Era un desierto total. Ningún partido tenía cuadros políticos ni conocimientos de la administración. No obstante adecuamos las infraestructuras y pusimos en marcha equipos profesionales para solucionar problemas de urbanismo: la situación era muy compleja e inusual en Laguna: con la construcción de Torrelago a un pueblo de 4.000 habitantes iban a llegar 6.000 más de repente, sin colegios, sin instalaciones deportivas ni servicios médicos. El encaje social fue un problema, pero el desarrollo de las fiestas patronales fue una explosión de dinamismo y participación que generó mucha convivencia ciudadana en un ambiente democrático, y utilicé aquel factor conscientemente.

¿Dónde ha quedado Laguna en cuanto a su desarrollo?

A mitad de camino (ríe). Crecimos fundamentalmente en torno a la FASA y lo que esta genera, así que no tenía sentido impulsar crecimiento industrial, sino crecer con calidad, evitando el modelo de Torrelago en cuanto a densidad de población. Conseguimos servicios de alto nivel y generar calidad de vida. Nos ha faltado jugar la baza del ocio y los centros comerciales: Arroyo y Zaratán nos han ganado una batalla muy atractiva cuando eran municipios casi inexistentes en los ochenta.

¿Qué retos tenemos como municipio? ¿Hacia dónde vamos?

A Laguna le falta construir su propio relato: analizar seriamente nuestra situación y hacerlo con la participación de los ciudadanos. Hemos perdido oportunidades pero tenemos muchas otras en la línea del aprovechamiento de recursos como municipio sostenible y verde y mejorando la conexión con Valladolid. No hay que obsesionarse con el número de habitantes, sino con cómo aprovechar estas opciones y seguir mejorando la calidad de los servicios.

¿Qué aciertos y qué errores han tenido lugar todos estos años?

La conexión con los ciudadanos y la dinámica política fue muy buena durante las tres primeras legislaturas, pero después la deriva fue otra. Creo que la anomalía de tener una candidatura independiente fue un error porque con ella se pierden muchas oportunidades. Aunque al principio se acertó con el urbanismo y los servicios, Laguna acabó, poco a poco, abandonándose a su suerte. Como seguían vendiéndose casas hacíamos más. Nos dejamos llevar 15 años, sin proactividad en la política, sin más apuestas y con poca visión o proyección a largo plazo.

¿Cómo ha cambiado la política desde tus inicios en general?

Era radicalmente distinta, se hacía una oposición constructiva, estábamos en conexión permanente con el ciudadano, solucionando sus demandas. Esto a partir de mediados de los noventa se fue deteriorando en todo el país, con políticos que pretenden mantenerse en el cargo y, lo que es peor, más corrupción. El 15-M fue un revulsivo y deberíamos tomar nota, hacen falta líderes que conecten con la sociedad. Un político tiene su razón de ser solo si tiene visión de futuro y capacidad de liderar procesos en constante conexión con los ciudadanos.

Primera toma de posesión del gobierno municipal en 1979