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Entrevistamos a la psicóloga lagunera Montserrat Sanz, quien advierte de que la cuarentena puede afectar a la salud mental y nos ofrece distintas recomendaciones para no caer en el bloqueo

¿Cómo están trabajando estos días los psicólogos? ¿Qué medidas estáis siguiendo para evitar el riesgo de contagio con vuestros pacientes?

La mayoría de los psicólogos que trabajamos en el ejercicio privado de la profesión hemos cerrado nuestros despachos para facilitar el cumplimiento de las recomendaciones de las autoridades sanitarias de permanecer en casa. Seguimos atendiendo online tal y como nos han recomendado desde el Colegio Oficial de Psicología de Castilla y León.

Aunque puede parecer más frío e impersonal (que lo es, no lo vamos a negar) es una buena alternativa para aquellos casos en los que no se puede hacer la consulta de forma presencial por incapacidad del paciente o por causa de fuerza mayor (como es el caso). Y siempre es una buena alternativa para atender a la salud mental de nuestros pacientes, que, además, se está viendo afectada por el confinamiento obligado.

¿Habéis percibido un aumento o un descenso en la demanda de vuestros servicios? ¿Cómo está afectando esta situación de crisis a vuestros pacientes?

Pues el numero de sesiones ha descendido ostensiblemente porque muchos de los pacientes no “se ven” haciendo las consultas de forma digital y prefieren la interacción personal. Sobre todo con personas de cierta edad y niños especialmente difícil. Sin embargo, son muchas las personas que llaman para preguntar si vamos a tardar mucho en funcionar normalmente porque necesitan acudir a consulta, ya que esta situación les genera malestar y agudiza los síntomas. Es de esperar que, cuando el período de cuarentena pase, la demanda aumentará, porque psicológicamente los efectos pueden ser importantes.

¿Creéis que esta situación de semiconfinamiento va a pasar factura, psicológicamente, a las personas? ¿Qué tipo de patologías o síntomas pueden aparecer según avancen los días?

Por supuesto. Tenemos que tener en cuenta que la privación de libre movimiento está considerado como uno de los factores de riesgo más importantes. Hemos de tener en cuenta, además, que al ser una situación nueva para todos y desconocida hasta el momento, la incertidumbre y la sensación de vulnerabilidad que genera es muy grande.

Va a haber un antes y un después del Covid-19. Esta situación nos está mostrando la necesidad de trabajar de otra manera, relacionarnos de otra manera y en definitiva, de vivir de otra manera. Nos está obligando a “parar” y a mirar a nuestro alrededor y a nosotros mismos, algo que no hacíamos desde hace mucho tiempo, inmersos como estamos en la vorágine del día a día. Es un momento para que nos demos cuenta de las cosas que son verdaderamente importantes y, también, de valorar las pequeñas cosas (tomar un café en una terraza, abrazar a los familiares, viajar…) de cada día que se hacen por inercia sin darnos cuenta de que son las que conforman eso que se llama pomposamente “felicidad”.

Con todo lo dicho es fácil deducir que se va a hacer necesario por parte de todos y cada uno de nosotros una capacidad de adaptación, resiliencia y aprendizaje que a unos costará más que a otros.

La incertidumbre sobre lo que va a pasar con nuestra salud y la de los que nos rodean, la incertidumbre laboral y económica y la sensación de pérdida de control unido al aislamiento social (recordemos que el ser humano es social por naturaleza, lo necesitamos para vivir) son factores estresantes que mantenidos en el tiempo provocan ansiedad y acaban desequilibrando el sistema emocional.

La sintomatología puede ser muy variada. Desde molestias físicas (diarreas, dolor de estómago, dolor de cabeza…), a irritabilidad, reacciones violentas y desproporcionadas, o apatía, preocupación y pensamientos obsesivos. Va a haber personas que se queden “bloqueadas” sin saber muy bien qué hacer a lo largo del día, y otras que por el contrario van a estar hiperactivas. Unos perderán el apetito y otros asaltarán la nevera cada dos por tres. El sueño puede verse también afectado por exceso, defecto o calidad.

En general todos tendremos un cierto desasosiego que irá aumentando a medida que pasen los días de confinamiento si no se toman ciertas medidas.

¿Qué recomendáis los psicólogos para evitar que se desarrolle cualquier tipo de trastorno o las personas que ya lo sufren vean empeorar el suyo?

Como he dicho, es necesario tomar ciertas medidas para minimizar los efectos psicológicos de ésta situación.

En primer lugar, y dado que la incertidumbre es uno de los peores enemigos, intentar tener una información seria y fidedigna. Las redes sociales están muy bien para conectar con amigos y conocidos, ver memes y sonreír, pero no para recabar información profesional y fiable. Consultar paginas web oficiales del Ministerio de Sanidad, del Colegio de Médicos, etc. es la mejor manera de tener información objetiva y sin sesgos de opinión que, a veces, generan más preocupación que otra cosa. Aquí los medios de comunicación tenéis una especial responsabilidad porque de cómo se trate la información puede depender que la afectación psicológica de muchas personas se vea más o menos incrementada. En cualquier caso, informarnos no es igual a obsesionarnos. Oír una y otra vez hablar sobre lo mismo hace que magnifiquemos el problema. Recordemos que tenemos una oportunidad de oro para jugar con los niños, escuchar a nuestra pareja y hacer aquellas cosas que teníamos pendientes y que no veíamos el momento de hacer por falta de tiempo o de oportunidad.

Para ello y para no caer en la “anarquía total”, es necesario planificarse el día estableciendo unas rutinas diarias. En ellas debería estar incluido:

  1. El ejercicio: nos mantiene saludables y ayuda al equilibrio psicológico al favorecer la descarga de tensión.
  2. La relación con familiares y amigos que no están con nosotros: tenemos la suerte de contar con medios tecnológicos que nos facilitan este objetivo. Dedicar tiempo al día para hablar con nuestra madre o con esa amiga con la que tomábamos café otros días nos ayuda a no sentirnos aislados.
  3. Hacer actividades que nos gusten y gratifiquen personalmente: puede ser leer, pintar, ver un programa de TV o una película…
  4. Hacer actividades con aquellos que están cerca: charlar con nuestros hijos (adultos) y pareja, comentar lo que está sintiendo cada uno para permitir que los miedos y preocupaciones se ventilen y “exorcicen”; jugar con los niños pequeños y escucharles si tienen dudas o preocupación por lo que ven y oyen…
  5. Cuidar la alimentación: como siempre alimentación sana y variada (es fácil caer en la tentación del azúcar como medio rápido de rebajar ansiedad, pero recordemos que la sensación de culpabilidad por los excesos va a aumentar la ansiedad).
  6. Los ritmos del sueño: como no hay que madrugar nos acostamos tarde, con lo cual nos levantamos más tarde y vamos cambiando la rutina de sueño pudiendo encontrarnos con serios problemas cuando tengamos que volver a la vida laboral.
  7. Hay que tener en cuenta también planificar en familia las salidas para hacer compras necesarias: siempre de uno en uno y preferentemente aquellas personas que no pertenezcan a grupos de riesgo. Ahora la mayoría de nosotros oponemos poca resistencia a salir a tirar la basura, pasear al perro, o ir a comprar. Puede ser una buena oportunidad para establecer rutinas de cumplimiento de tareas que se mantengan cuando todo esto termine.

A nivel colectivo, todos estamos preparándonos para la llegada de una crisis económica cuyas consecuencias son imprevisibles. ¿Cómo puede evitar la sociedad caer en el desánimo colectivo?

El problema económico ya se vislumbraba desde que el Covid-19 apareció en China, aunque como siempre parecía demasiado lejano. Ahora los ERTES, despidos o la falta de consumo nos enfrenta con una realidad dura que muchos no saben como van a poder afrontar. En este punto es fundamental el apoyo institucional pero también el que nos concedamos entre nosotros como conciudadanos.

Cuando esto acabe el mejor apoyo que podemos darnos es acudir a nuestros negocios de cercanía: a las pequeñas tiendas, los profesionales de nuestra localidad, los hoteles de nuestro país…porque el derrumbe económico que va a suponer esta situación solo podremos superarla con solidaridad.

Hemos de pensar que aunque ésta situación, como tal, es nueva, hemos vivido muchas crisis económicas que afortunadamente se han ido superando con mayor o menor esfuerzo. Los españoles somos un país esencialmente solidario (se ha demostrado con creces en muchas ocasiones) y social. No hay más que fijarse en que hasta confinados organizamos partidas de bingo con los vecinos de la urbanización… y tenemos algo muy importante: un gran sentido del humor que nos ayuda a desdramatizar casi cualquier situación.

Vivamos ésta crisis como una oportunidad, que es como hay que vivir cualquier crisis. Una oportunidad de dar lo mejor de nosotros mismos, de salir fortalecidos como sociedad, familia y persona. Una oportunidad para saber de qué pasta estamos hechos y probarnos hasta donde podemos llegar.

Cómo decía T.S. Eliot, “solo aquellos que se arriesgan yendo lejos pueden encontrar lo lejos que pueden llegar”. Las circunstancias nos obligan a ir lejos y seremos capaces de llegar. Sin duda.