Fecha: 5 julio, 2016

Ángela Pérez, recientemente galardonada con el premio a su trayectoria como bolillera en el festival ‘Artelago’, es todo un referente como anfitriona del municipio

El gusto por el trabajo cuidado, artesano y por poner a Laguna de Duero fuera de la onda del sinónimo de “ciudad del ladrillo”, han llevado a Ángela Pérez a convertirse en una figura dentro del mundo del bolillo y el bordado. El apego familiar a las labores, -en concreto de sus tías- llevaron a Ángela a iniciarse en el complejo campo del encaje de bolillos, pasando a convertirse en un referente a nivel regional.

La conciliación familiar no fue problema para esta dinámica mujer, quien en su afán de seguir aprendiendo no ha perdido nunca la perspectiva de seguir sumando conocimientos, muchos de ellos compartidos en sus clases en Valladolid y municipios del alfoz. Su exposición en el año 1995 en la localidad sobre sus labores fue todo un éxito, algo que sirvió para que un gran número de mujeres se interesase aún más por iniciarse en esta técnica. Prevista para 3 días, el auge de afluencia fue tal, que tuvieron que ampliarla durante dos semanas. Y es que Ángela siempre ha tenido en mente poner a Laguna de Duero en el mapa, no solo como municipio, sino también por los trabajos y quehaceres de sus gentes.

Pasada su mitad de siglo –año 2002-, no perdió nunca el sueño de ser reconocida con el título de encajera y bordadora, estudios reconocidos por un jurado de diez personas que sacó a la par, consecuencia de su importante trayectoria en este campo.

Ángela recuerda que este trabajo es muy complejo, y destaca cómo los políticos al describir ocasiones que se presentan difíciles, hacen alusión a la expresión: “eso es hacer encaje de bolillos”, y razón no les falta, “pues en esto dos y dos son cuatro y no seis. Es muy exacto. Son labores muy complicadas, y a la par muy creativas, que requieren concentración y ayudan a desconectar de los problemas».

Esta vecina domina tanto el bordado a mano como a máquina, esta última técnica más complicada, pues entra en juego el pulso de quien la controla, y una puntada incorrecta puede llevar a estropear un trabajo.

Mantillas, toallas, cortinas, abanicos de encaje de duquesa… forman parte del “museo” que ocupa buena parte de las habitaciones de su casa, una obra que, como ella misma reconoce, “no tiene precio”. Cada creación lleva mucho tiempo de trabajo, algo que “se ve recompensado cuando lo ves acabado. Hay trabajos que pensaba que me iban a llevar años, por ejemplo la última mantilla me ha llevado un año y medio”.

Sin ningún afán económico, Ángela ha regalado y mostrado buena parte de sus labores a amigos y familiares, ya que, como ella misma reconoce, “no me dedico a vender, solo quiero que nuestro municipio sea conocido por cosas como esta”.

Entre sus recuerdos mas gratos está el de la inauguración de la Casa Cervantes, visita a la que acudieron la infanta Cristina e Iñaki Urdangarin, donde uno de los trabajos de Ángela fue protagonista del acto, pues fue precisamente ella la encargada de elaborar un babero para Irene Urdangarin de Borbón.

Como reconocimiento a su trayectoria y a su contribución al patrimonio del municipio, este año el Ayuntamiento de Laguna de Duero y los artesanos le han concedido el galardón a su carrera, premio entregado en la feria ‘Artelago’, en la que Ángela ha sido partícipe en varias ediciones.