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40 años después, el alcalde y los concejales de la primera corporación rememoran su labor en el consistorio, en el que tuvieron que afrontar el súbito crecimiento de la población al empezar a entregarse las viviendas de Torrelago

Fue un 20 de abril, como el título de la canción de Celtas Cortos, cuando se constituyó el primer ayuntamiento elegido democráticamente en Laguna de Duero después del largo periodo franquista. Se ponía en marcha la corporación resultante de las elecciones municipales celebradas el 3 de abril de 1979, hace justamente 40 años. Una efeméride que se ha rememorado mediante un acto celebrado en la sala de plenos del salón consistorial con participación de los ediles que conformaron ese primer ayuntamiento democrático de Laguna.

Los editores de Laguna al Día, Jorge Lera y Joaquín Vicente, condujeron este acto organizado por el Ateneo sociocultural, cuyo presidente, Jesús Manuel Hernández,  lo inició dando lectura al acta de aquella sesión municipal del 20 de abril de 1979. En ella consta que tras tomar posesión los 11 concejales electos, seis de ellos del PSOE y 5 de la Unión de Centro Democrático, se procedía a la elección del nuevo alcalde, cargo que recaía en el socialista Francisco Delgado Marqués, respaldado por los 6 votos de su grupo, frente a los cinco obtenidos por la UCD.

Arrancaba así en Laguna de Duero una nueva era municipal marcada por el súbito crecimiento demográfico del municipio, que en muy poco tiempo iba a ver duplicada su población -en ese momento de poco mas de 4.000 habitantes- a causa del aluvión de nuevos vecinos que habían adquirido vivienda en la urbanización Torrelago.

“Se recogía la basura con un carro tirado por dos machos”

Afrontar las demandas y servicios de ese nuevo núcleo, aislado del caso urbano y ocupado sin las dotaciones y equipamientos imprescindibles, fue el peliagudo problema al que tuvo que enfrentarse esa primera corporación, presidida por un alcalde que tenía 23 años y que, al igual que la mayoría de los concejales, por cierto todos varones,  carecía de experiencia política. “Cuando en octubre de 1979 comenzaron a entregarse las viviendas de Torrelago, en Laguna se recogía la basura por un carro tirado por dos machos”, recuerda Delgado Marqués, dando idea de la absoluta precariedad y penuria de medios del ayuntamiento.

Apenas una decena de personas, y no todas ellas a jornada completa, integraban la plantilla de personal y el Presupuesto municipal rondaba en torno a los 15 millones de pesetas. Pero a fuerza de echarle voluntad a raudales, no escatimar sacrificio personal y familiar y una absoluta predisposición al consenso, remando todos en la misma dirección, el ayuntamiento comenzó a hacerse valer. “El consenso imperó en todas las cuestiones fundamentales”, subrayaba Teodoro Herrero, que al igual que Mariano Delgado, Jesús Gutiérrez y demás concejales de la UCD, arrimaron el hombro para sacar adelante los problemas. Y todos sin cobrar un duro por su labor al servicio del municipio.

Desde esa unidad al servicio del interés público, aquel ayuntamiento comenzó a exigir a la promotora de Torrelago el cumplimiento de sus obligaciones, advirtiendo que de lo contrario no autorizaría nuevas licencias de construcción. Y Calpisa comenzó a entrar en razón, atendiendo rápidamente la petición municipal de que donara al ayuntamiento un camión para poder recoger la basura en la urbanización. “Lo del carro y los machos recogiendo la basura en Torrelago hubiera sido algo insólito”, comentaba ayer el primer alcalde lagunero. “Se trataba de convertir el problema del crecimiento de población en una oportunidad y conseguimos sentar las bases para que con el tiempo se lograra esa la integración urbanística y social del municipio”, añadía Delgado Marqués.

En el camino hubo que ir superando no pocas dificultades y más de un momento crítico, como cuando en 1981 la deficiente red de abastecimiento dejó a Torrelago sin suministro de agua durante cuatro días, episodio que se suscitó durante el coloquio posterior compartido con el público que llenó el salón de plenos municipales.

Se suprimió la simbología franquista sin ninguna crispación

“El ayuntamiento apenas disponía de recursos propios, la Junta de Castilla y León no existía y todo dependía de Madrid, y ahí nos ayudo mucho Gregorio Peces Barba, entonces diputado socialista por Valladolid”, reconocía Mariano Delgado, en una muestra más del espíritu de consenso de aquella corporación. Otra fue que durante ese mandato se eliminaran del callejero las denominaciones franquistas, recuperando los antiguos nombres de las calles, sin que ello produjera ningún tipo de crispación.

Los integrantes de aquella primera corporación municipal añoran aquella  voluntad de consenso, propia del espíritu de la transición, y la echan en falta en la actual situación de la política española. Y así lo subrayaron muy expresamente tanto Lázaro Vallelado, ex concejal del PSOE, como Mariano Delgado.