Fecha: 29 marzo, 2016

Esperanza García contribuyó a mejorar la educación en el municipio durante cuatro décadas, logrando la construcción del primer colegio en 1928, que aún lleva su nombre

La historia de la escuela de Laguna de Duero se remonta al siglo XVI, cuando por primera vez los archivos históricos recogen la escolarización de 38 niños. Por entonces, cada familia se hacía cargo de pagar unas cuotas al maestro del pueblo. No sería hasta 1799 cuando, al construirse el nuevo edificio del Ayuntamiento, se decidió que este albergase las aulas donde impartir las clases.

A estas instalaciones del Consistorio llegó en 1923, como maestra titular, Doña Esperanza García Vinagre. Lo hacía dispuesta a emprender una intensa labor cultural y educativa, sin saber aún que estaba a punto de recibir el abrazo de un pueblo donde desempeñaría su cargo durante nada menos que cuatro décadas. Doña Esperanza -como se la conocería en Laguna desde entonces- contaba a su llegada con 24 años. Gracias a los sacrificios de sus padres había logrado terminar la carrera de Magisterio en la capital vallisoletana, de donde procedía. Su vocación le había llevado a dar sus primeros pasos como maestra en pueblos de Zamora y Cáceres, ganando una experiencia que tenía ahora oportunidad de aplicar en Laguna.

Sin embargo, las condiciones de la escuela no eran precisamente halagüeñas. El censo de alumnas era excesivo para una sola maestra y las improvisadas instalaciones del Consistorio, poco menos que deficientes: el aula comenzaba a hundirse, amenazando la continuidad de las clases. Sin dudarlo, y contraviniendo las órdenes de las autoridades, Doña Esperanza logró establecer la escuela en el Círculo Católico, donde ella misma se encargaba de la limpieza y recogida de pupitres.

Desde ese momento, Esperanza insistió para que se construyese una escuela en la que niños y niñas tuvieran cabida. Tras gran perseverancia, Laguna logró finalmente una subvención del Ministerio de Instrucción. Tan solo faltaban los terrenos, que fueron cedidos por el Consistorio. La nueva escuela abría al fin sus puertas, en 1928, en ‘Los Corralillos’ que habían servido hasta entonces para encerrar el ganado.

El pueblo entero mostró su júbilo durante la inauguración de un centro donde se formarían generaciones enteras. En aquellos años las pequeñas aprendían a bordar, cocinar, hacer conservas o escribir a máquina. Esperanza fue un paso más allá y promovió las excursiones escolares o el cine educativo. También fundó la biblioteca y organizó funciones teatrales para el reparto de lo recaudado entre niños de las familias pobres. Su fama le hizo merecedora de premios como la Cruz de Alfonso X El Sabio, del Ministerio de Educación, en 1960.

No sería hasta tres años más tarde cuando dejó su ‘escuelita’ lagunera para seguir su carrera en Valladolid, donde se jubiló en 1970. Para ella, irse de Laguna “fue como enterrarme en vida”. Doña Esperanza disfrutó de su descanso hasta el fin de sus días, protagonizando en 1977 un cálido homenaje en Laguna por haber contribuido de esta manera al engrandecimiento de nuestro municipio.

Fuente: ‘Esperanza García Vinagre’, Timoteo Herrero Herrera.