Fecha: 26 junio, 2014

Desde que comenzara a tocar la flauta a la corta edad de ocho años, Carlos Soto (Valladolid, 1968) se ha visto envuelto por la música tradicional castellana. Empezó con Almenara y, aunque cambió el registro durante su carrera en los Celtas Cortos, retoma ahora su aire más folk con Castijazz, proyecto que comparte con María Desbordes y que presentó en el festival Son de Aquí de Laguna.

¿Cómo surge Castijazz?

Después de haber desarrollado Awen Magic Land nos trasladamos desde Bretaña a San Miguel del Arroyo. Aquí volví a relacionarme con gente del entorno del folk más segoviano. Me llegaron ecos de música que ya había tocado y me inspiró el sentir de la tierra. Supuso retomar el folklore desde una perspectiva diferente.

¿Es quizás esta una perspectiva más madura?

Estoy en ese proceso, aunque no sé si uno madura del todo en algún momento. Sencillamente cambia el volver a ver este estilo con otros ojos después de tanto tiempo, viajes y sabiduría.

Castijazz tiene una carga de influencias diversas que completan el sonido castellano…

Lo completan, pero como resultado generan un sonido sencillo. No me gustaría que mi música se entendiese como algo complejo.

Recientemente recibiste el premio de Nueva Creación Agapito Marazuela… ¿El reconocimiento inspira para seguir creando?

Sin duda. Me pareció un concursomuy interesante y enfoqué mi creación directamente hacia ello. Los reconocimientos son importantes: ayudan al artista a darle un sentido a sus trabajos.

Aún se conservan toques celtas en Castijazz… ¿Qué queda del Celta Corto que fuiste?

Algo queda. Entre otras cosas, la costumbre de tocar con mucha gente y conseguir fuerza en el escenario: Castijazz nació como quinteto pero ahora somos seis y a veces más. En cuanto a influencias me queda mucho de celta. Uno no puede olvidar nunca lo que ha sido y ha formado parte de su vida durante tanto tiempo.

¿Es este proyecto una reivindicación de nuestras tradiciones, de unas raíces en peligro de extinción?

Yo empecé a tocar con Jonás Ordoñez, dulzainero lagunero. Con él crecí muchísimo, y creo que es importante que su legado no se pierda, pues peligra. Sin embargo, está apareciendo en Tierra de Pinares una nueva hornada de grupos jóvenes que apuestan por la recuperación y la modernización del folk. Es importante conservar las raíces, y en este sentido los dulzaineros tienen un papel protagonista.

Actualmente vives apartado de la ciudad… ¿El campo inspira más?

Sin duda. En este momento la ciudad tiene poco que ofrecer: antes era sinónimo de vida cultural, pero hoy no se puede ni hacer música en bares. Trabajo mejor en un lugar apartado donde las ilusiones de la ciudad no acaparen mi atención. Paseando por los pinares me salen melodías castellanas con mucha naturalidad, mientras que en la ciudad a veces nos convertimos en entes anónimos.

De todos los instrumentos que dominas…¿Cuál es el más íntimo para ti?

Tengo los amores compartidos. La flauta travesera me encanta, pero el saxo me ayuda a expresarme mejor. Aún así son complementarios: uno ayuda a seguir avanzando con el otro.

¿Cómo ha sido tu conexión con Laguna de Duero?

Siempre hemos tenido a Laguna en el corazón, ya que aquí dimos nuestro primer concierto con Awen Magic Land y lo sentimos como algo muy nuestro. Esperamos poder seguir actuando aquí.