Desde hace ya unos años se viene desarrollando en el centro el Plan de Mejora “Emociónate” con el alumnado de Educación Infantil

“Sabemos que en los primeros años se forman los patrones emocionales que nos van a regir el resto de nuestras vidas. En esta etapa, en la que las emociones se expresan de forma descontrolada y exagerada, que pueden duran segundos y cambiar con rapidez, o atraparles haciéndoles perder el control, nuestros niños descubren y experimentan viviendo, relacionándose y manipulando el entorno. Pero no podemos pensar que, por el mero hecho de crecer, aprenden a manejar su mundo emocional. Por ello, para garantizar que su desarrollo sea el adecuado y que los contenidos y competencias a adquirir se trabajen en el aula de forma sistemática, llevamos a cabo un taller semanal de una hora con cada grupo de alumnos.” – comenta la coordinadora del plan, Victoria Martínez.

El centro de Laguna de Duero, lleva unos años desarrollando el Plan de Mejora “Emociónate” con el alumnado de Educación Infantil, tras considerar fundamental trabajar la dimensión emocional de los niños. Entienden que “un adecuado desarrollo emocional favorece en los alumnos las relaciones con los demás y consigo mismos, mejora su aprendizaje, facilita la resolución de problemas y conflictos y contribuye a su bienestar personal y social”.

La emoción interfiere con la razón y la razón modifica la emoción, no se pueden separar. Hablar de Inteligencia Emocional implica hablar del funcionamiento de todo el cerebro y el cerebro es plástico: las experiencias, los pensamientos, los sentimientos, todo está continuamente modificando las conexiones entre las neuronas. Esa plasticidad permite aprender y desaprender, y hace que las emociones sean moldeables.

“La Inteligencia Emocional podemos educarla con las prácticas adecuadas. Por eso, nuestro plan está estructurado para dar respuesta a su distinto nivel de desarrollo y capacidades, y engloba una serie de recursos, estrategias y actividades, que hacen de las sesiones, momentos divertidos, relajantes y sumamente emocionantes, en los que los alumnos aprenden a identificar y gestionar sus emociones y las de los demás, adquieren herramientas para hacer frente a su frustración, a manejar el estrés o a controlar sus impulsos, interiorizan pautas que les ayudan a autorregularse y automotivarse, y descubren maneras de relacionarse adecuadamente con otros y establecer vínculos saludables,… aspectos todos necesarios y fundamentales para crecer felices, sanos e integrados.”