Fecha: 14 julio, 2015

Originaria de tierras del sur, la familia Álvarez Fray fomentó con sus reatas de burros el desarrollo urbano de la capital, acarreando material de construcción además para numerosas obras de toda España

Por Laguna de Duero han pasado, desde tiempos inmemoriales, infinidad de arrieros. Muchos iban de paso, y la mayoría de ellos transportaban piñas y leña a la capital. Sin embargo, corría el año 1936 cuando uno de ellos apareció para quedarse. Se trataba de Francisco Álvarez, un andaluz que vivía de las minas jienenses de La Carolina y que buscaba un porvenir mejor en Castilla.
Durante años ejerció, junto a sus hijos, como burrero, llevando material de construcción por toda España. Tal y como recoge Javier Palomar en ‘Laguna de Memoria’, sus hijos trabajaron en la instalación de líneas eléctricas o acequias desde el País Vasco a Madrid. Se encargaban de recoger piedra del campo y transportarla con sus cuadrillas de burros.

Estas estaban dirigidas por un operario, y al más inteligente de los animales se le nombraba burro-guía. Este solía obedecer al arriero, que lo llamaba siempre por su nombre. Los burros subían, a menudo, por terrenos escarpados donde no existían los caminos. Todos seguían al burro-guía sin necesidad de tirar del ramal de cada uno, y en estas condiciones se desarrollaron las obras en varias construcciones de carreteras o presas del Duero y sus afluentes. Los burreros se encargaban de llenar los serones y acompañar a las caballerías a pie, haciendo, en ocasiones, hasta diez horas de camino sin parar. Tras descargar, aprovechaban para montar los burros, que no comían nada hasta que por la noche se les servía su cebada.

Algunos de los burros eran tratados con especial cariño, como Confitero, que comprado en 1940 fue el más caro de todos, y del que se dice que acudía donde fuera tras ser nombrado por su amo. Tras dos décadas y muchas obras a las espaldas, el progreso llegó en forma de camiones, y los hijos de Francisco se retiraron del oficio convertidos en industriales. En 1955 la familia Álvarez Fray cambió sus 80 burros por camiones y el transporte a lomos de estos animales pasó a la historia en nuestra localidad.

El Banco de España o el cuartel de Farnesio, entre sus principales obras

La expansión urbanística e industrial de Valladolid no podría entenderse sin la labor de estas cuadrillas. Los laguneros trabajaron en las viejas fábricas de Nicas y Endasa, el carril de FASA que une Laguna de Duero y Valladolid o la azucarera de Peñafiel. Además de otras obras como la segunda fase del Polígono de Argales, San Juan de Dios o el edificio Juan de Austria, en Valladolid desarrollaron las obras del Banco de España o el cuartel de artillería de Farnesio proporcionando la grava, la piedra o el cemento.