Fecha: 5 enero, 2016

La llegada de Napoléon Bonaparte y sus tropas a la ciudad de Valladolid trajo consigo varios asaltos a los pueblos del alfoz, donde se cometieron robos y excesos contra la población

Laguna de Duero sufrió los desmanes de la invasión francesa durante la Guerra de la Independencia. Valladolid era, en un primer momento, un punto estratégico de gran valor militar al encontrarse en el camino de París a Lisboa; con lo cual, fue elegida para albergar a las tropas francesas en su expansión acordada por la península. Sin embargo, el 2 de mayo de 1808 la insurrección popular estalló en la capital. Los vallisoletanos estaban dispuestos a enfrentarse a los galos, conscientes de que estaban siendo víctimas de una invasión encubierta.

El alistamiento forzoso llegó a los pueblos, y semanas después empezaron los combates por la provincia. Las derrotas de Cabezón y Medina de Rioseco frente al ejército francés trajeron consigo ejecuciones de prisioneros y los primeros saqueos. Valladolid volvía a estar en poder de los franceses. Meses después, en vista del heroico empuje de los españoles, Napoleón en persona se trasladó a Valladolid al frente de un poderoso ejército. Allí, alojado en el Palacio Real, permanecería once días, durante los cuales mandó ahorcar a algunos rebeldes.

Era enero de 1809, y el camino real de Madrid era testigo de un continuo trasiego de tropas. Nada menos que 26.000 soldados franceses se habían concentrado en la capital, donde no habían tenido miramientos con la población y se habían apropiado de todo cuanto veían apetecible. En Laguna de Duero saquearon el grano de trigo, las caballerías e incluso los bienes de la iglesia. La situación se repetía en el resto de pueblos, como Puente Duero, Valdestillas o Viana, y fue en aumento. Aún en 1812 los franceses permanecían acampados en la parte norte del Duero. Al sur del río se apostaban los ingleses, aliados de los españoles.

Sin brazos disponibles para para la siega, las mieses de cereales y legumbres de Laguna se segaban por los mismos franceses, viéndose sus dueños obligados a abandonar sus cosechas en manos del ejército invasor. El mosto, sin embargo, consiguió salvarse ese año a pesar de los temores de que fuera requisado. La situación era crítica, reconociéndose oficialmente “el estado deplorable del pueblo y sus campos”. Los franceses cometían robos, saqueos, homicidios y otros excesos sin que nadie lo pudiese evitar. En toda la zona los paisanos hostigaron a los invasores con tácticas de guerrilla, junto a los ingleses, hasta su expulsión final en 1814.

Caballos, mulas, trigo y hasta los vasos sagrados de la iglesia

Según los registros históricos de Laguna, 278 fanegas de grano fueron robadas por los franceses del pósito de González Fraile. Además, requisaron todos los caballos, yeguas y mulas. El saqueo no respetó el recinto sagrado de los templos. También allí se llevaron todo lo que pudieron, hasta los vasos sagrados, “derramando las divinas formas”.

El hortelano que mató a un francés ‘en las barbas’ de Napoleón

Valladolid no fue precisamente una ciudad ‘de fiar’ durante la estancia del emperador francés. Prueba de ello es un incidente que tuvo lugar en la plaza de San Pablo de la capital. A apenas unos metros del Palacio Real, donde se apostentaba Napoleón, un hortelano asesinó a un soldado de la guardia imperial, arrojando el cadaver a la noria de la huerta.

El suceso da una idea del nivel de hostilidad de los vallisoletanos con los invasores, y afectó a Napoleón hasta el punto de que, resentido, secuestró todos los bienes del convento de San Pablo y sentenció a muerte al hortelano. Sin embargo, esta represión no haría más que avivar los focos de resistencia.