Fecha: 23 noviembre, 2015

Esta joven lagunera vive desde hace cinco años en Bruselas, donde llegó como Au-Pair. Allí se convirtió en directora de programa en un gimnasio para niños y bebés

La pasión por trabajar con niños y aprender idiomas llevó a Alexandra Abad a dejar la oficina donde trabajaba para probar suerte en Bélgica. Allí, su estancia de ocho meses como Au-pair con una familia danesa se ha convertido en cinco años. Actualmente vive con su novio, el también lagunero David Calle, y ha encontrado su verdadera vocación trabajando como directora de programa en un gimnasio infantil.

¿Cómo fue la decisión de marcharte?

Después de mis estudios había trabajado un par de años en el mundo administrativo y no estaba satisfecha. Además, las cosas se estaban poniendo feas en España y pensé en irme por unos meses. Como nada iba a mejorar y encontré trabajo, decidí quedarme.

¿Cómo fue tu etapa como Au-Pair?

Trabajé para una maravillosa familia danesa con la que perfeccioné mi inglés, y aprendí danés y francés. Con ellos viajaba mucho, sobre todo a Dinamarca, e incluso tuve la suerte de que me llevasen a Tailandia a todo lujo.

Posteriormente encontraste otro empleo…

Empecé a trabajar en The Little Gym dando clases de gimnasia y psicomotricidad. Valoraron mucho mis once años de gimnasia rítmica y los idiomas. Gracias a mis conocimientos empecé a ganar responsabilidades y actualmente, además de dar clase, gestiono el día a día del centro. Además, compatibilizo el trabajo con estudios para seguir formándome.

Además vives con tu pareja, también de Laguna.

Aunque no vinimos juntos, pasamos tiempo a distancia porque él aún tenía trabajo en Valladolid. Una vez que su contrato terminó decidió venir y actualmente trabaja en su sector, la electromecánica, en una empresa española que exporta hilo de hierro.

¿Qué diferencias se encuentran viviendo allí?

Para empezar el precio de la vivienda es una locura. Hay que buscar bien y tener suerte. El día a día es una moneda de dos caras. Por un lado los sueldos son más altos y nos permiten vivir bien, y por otro estamos lejos de la familia y los amigos. Los impuestos son más altos, pero también reinvierten en el estado de bienestar. El clima y la comida son peores, pero culturalmente los belgas son más educados y tolerantes. Deberíamos tomar ejemplo de lo abiertos que son. En educación estamos a años luz: aquí hablar tres o cuatro idiomas es lo normal.

¿Os ha dado la oportunidad de viajar vuestra estancia en Bruselas?

Por supuesto, vivimos a un paso de muchísimas ciudades importantes. He recorrido Dinamarca, Luxemburgo, Holanda, Hungría, Eslovaquia, Alemania… además en el trabajo nos envían a Londres y otras ciudades para hacer formación continua.

¿Qué es lo que más echáis de menos?

La comida, una barbaridad. También el ambiente, pues aquí no hay vida en las calles y a las 23:00 no hay nadie directamente. Echamos de menos la sensación de volver a casa y reencontrarnos con la gente. Tampoco hemos podido estar estas fiestas.

¿Os planteáis volver algún día?

Claro que sí, es algo que hablamos a menudo. Sin embargo, tal y como están las cosas hoy en día lo vemos difícil. Aquí estamos muy establecidos. Ambos tenemos trabajo, viajamos y estamos contentos.