17 años después, ADIF finaliza las obras de un trazado que, en un principio, puso en jaque nuestro entorno natural, dando pie a la protesta bajo el lema ‘Ojo al tren’.

Después de varios años con el proyecto paralizado a causa de la crisis, ADIF finalizará la construcción, a finales de agosto de este año, del viaducto de los tramposos, el último escollo que faltaba para dar por finalizado el proyecto de conexión del tren de mercancías en Valladolid. Con un total de 45 vanos y más de un kilómetro de longitud, este se convertirá en el puente más largo de la provincia, y pondrá la guinda a un proceso que generó, en sus inicios, grandes malestares y un conflicto para los vecinos de Laguna de Duero.

Para entender los motivos de este desencuentro debemos remontarnos a diciembre del año 2002, cuando el Ministerio de Fomento -entonces bajo el gobierno Aznar- presentó su estudio para el desvío ferroviario del tren de mercancías en Valladolid. Este arrancaba de un estudio previo de 2001, proponiendo tres alternativas posibles para el desvío; en concreto, dos de ellas proponían un trazado próximo a Laguna, y una tercera sugería un recorrido paralelo a la Ronda Exterior Sur, sin afectar a espacios sensibles de Laguna y ajustándose a las directrices de la Junta.

Sin embargo, esta alternativa no pareció interesar al Ayuntamiento de Valladolid, que, sin consultar al Consistorio de Laguna, apostó por una cuarta alternativa, la cual cobró fuerza entre los ámbitos de poder que podían influir en la decisión final. Este nuevo trazado atravesaría Los Valles, las inmediaciones del cementerio y el futuro polígono de los Alamares, inutilizando importantes zonas agrícolas y cruzando la Acequia y el Canal del Duero con imponentes barreras (véase la infografía).

A la espera del estudio de impacto ambiental del Ministerio de Medio Ambiente, el planteamiento de esta propuesta fue el punto de arranque de una protesta ciudadana que desembocó en la constitución de la plataforma ‘Por el futuro de Laguna’, que bajo el lema ‘Ojo al tren’ llevó a cabo distintas acciones para reivindicar una alternativa al tren favorable a nuestro municipio y su entorno. Esta estuvo integrada por vecinos de todas las opciones políticas, y especialmente representado por los agricultores, como principales afectados.

Por su parte, el Ayuntamiento también se sumó a este movimiento, desarrollando acciones como crear una comisión de seguimiento y manteniendo reuniones el alcalde -por entonces, Jesús Viejo- con la Junta y el Ministerio, ganando el apoyo de la Diputación e informando a los vecinos del proceso. Paralelamente, la plataforma lograba reunir hasta 2.000 firmas en contra del trazado ferroviario, organizando concentraciones y distribuyendo pegatinas y pancartas que lucieron en muchos balcones del municipio.

Finalmente, ya en 2005, el Ministerio de Medio Ambiente realizó una declaración de impacto ambiental en la que reconocía el alto nivel de perjuicio que causaba este desvío a la vegetación, al planeamiento urbanístico de Laguna y su suelo industrial, así como el ruido y la “intrusión visual” que conllevaba. Así, consideraba el desvío “inadmisible ambientalmente”.

Esta declaración suponía una gran victoria para todos los vecinos que habían estado años en vigilia ante esta ‘amenaza’. Posteriormente, la construcción del trazado B -el recomendado por el Ministerio y que había empezado a construirse en 2008- se vio paralizada en 2011 por Fomento debido a la falta de fondos a causa de la crisis económica. Hasta su paralización, la infraestructura se encontraba ya ejecutada al 77%, con lo cual se espera cerrar por fin, en los próximos meses, este capítulo de la red ferroviaria.