Fecha: 8 agosto, 2016

La apertura del centro, que cumple 25 años, estuvo marcada por una huelga, la quiebra de la empresa constructora y manifestaciones de padres y alumnos

Laguna cuenta actualmente con cinco centros de enseñanza primaria que acogen a cerca de 2.500 niños y niñas. Sin embargo, si nos remontamos a finales de los ochenta encontramos una realidad bien distinta en lo que a educación se refiere. Aunque contaba con menos de la mitad de la población actual, Laguna crecía demográficamente como nunca. A principios de los ochenta la expansión de Torrelago llevó a erigir dos nuevos centros: El Miguel Hernández y La Laguna. Pero incluso años después la masificación en el Cascajo, El Depósito -actual CEIP Los Valles- y las aulas de la Casa de la Cultura llevó a solicitar a las autoridades la construcción de un nuevo centro: Nuestra Señora del Villar.

Con ello comenzó una auténtica ‘carrera de obstáculos’, como definió el corresponsal de El Norte de la época, Genuino Madrid. En los momentos iniciales, el Ayuntamiento debía demostrar al Ministerio de Educación la necesidad de este nuevo colegio. Una vez se comprobó la pirámide de escolaridad comenzaron las obras de ‘La Nava’. Pero las dificultades empezaron a llegar con la huelga de la construcción del verano de 1990. Tras el retraso que estas provocaron, la empresa constructora se declaró en suspensión de pagos, dejando el edificio a medio terminar. El curso del 92 había empezado y los padres de los alumnos, apoyados por el Ayuntamiento, decidieron que era hora de echarse a las calles para exigir la finalización de las obras.

Durante las protestas se llevaron a cabo varios cortes de calles. Finalmente, el Consistorio garantizó que las clases podrían dar comienzo en febrero del mismo año, aunque para ello era necesario que el Ministerio cumpliera con su parte de completar la dotación del mobiliario y abonar al municipio los gastos de finalización del centro (estimados entre dos y tres millones de pesetas). Al llegar el mes de febrero se habían terminado las partes imprescindibles, salvo el asfaltado de los patios, que debía esperar al paso del invierno para ser concluido, o algunos retoques en la cocina.

Los profesores estaban a la espera de la notificación de la orden de traslado al nuevo centro cuando finalmente, el 7 de febrero, se fijó el inicio de las clases en ‘La Nava’: en total, más de 500 alumnos se repartirían entre sus 24 aulas. A partir de ese momento el Cascajo pasaría a ser utilizado como Centro Cívico, el colegio Doña Esperanza se limitaría a educación infantil y el Depósito, a centro de EGB, pero con menos alumnos tras los traslados. Sin embargo, aún quedarían ciertos escollos por resolver: las quejas de los padres de los niños de la zona de El Villar, que no podían incorporarse a las clases por la falta de transporte escolar, así como algunas deficiencias, como el estado de la cocina, los patios de tierra o el gimnasio.

Finalmente, tras solucionar poco a poco estas carencias y tras la inauguración oficial del 1 de marzo de 1992, se cerró un episodio de movilizaciones que sirvieron para poner en funcionamiento un centro por el que han pasado 25 generaciones de laguneros y que posteriormente, en 2006, mejoró aún más con la construcción de su propio polideportivo.

En las imágenes, proceso de construcción del centro, los alumnos en una de las nuevas aulas durante los primeros días de clase, una reunión del APA (Actual AMPA) durante el proceso de movilizaciones y manifestaciones de padres y alumnos reclamando la finalización de las obras. Fotografías: Genuino Madrid.