Beatriz López:”El desprecio hacia la cultura lleva a su rechazo por los jóvenes”

Beatriz López:”El desprecio hacia la cultura lleva a su rechazo por los jóvenes”

La periodista y filóloga lagunera Beatriz López ha centrado sus estudios en la adaptación de los clásicos al teatro actual, basando su Trabajo de Fin de Grado en la compañía Ron Lalá, que representará su obra ‘Cervantina’ el próximo 2 de diciembre en la Casa de las Artes

Terminó sus estudios de periodismo y, tras encaminar su carrera hacia la docencia, descubrió que su segunda gran pasión era la filología hispánica. Como enamorada de la literatura y el teatro -ha trabajado varios años como jefa de sala en la Casa de las Artes- la lagunera Beatriz López combinó su gusto por los clásicos del siglo de Oro con su vocación por la enseñanza para desarrollar un Trabajo de Fin de Grado basado en la compañía de teatro Ron Lalá, con la que, según López, “es posible acercar el teatro y las obras clásicas a los más jóvenes”.

¿Cómo se te ocurrió esta idea para tu TFG y por qué te centraste exclusivamente en esta adaptación de los clásicos al teatro contemporáneo hecha por esta compañía de teatro?

Todo nació de un encuentro. Las mejores cosas de la vida te encuentran. Llevaba dos años trabajando en el teatro cuando aquella tarde de noviembre de 2012 desembarcaba la Folía de Ron Lalá en La Casa de las Artes. La parte más maravillosa para mí de mi labor en el teatro siempre ha sido el poder disfrutar del arte sin seleccionar. Entras en sala y te enfrentas a la función sin elección previa y por lo tanto sin una predisposición ni ninguna expectativa motivada normalmente. Aquella noche salí tremendamente impactada y marcada del teatro. Recuerdo las emociones, las sonrisas, las risas, la sensación de felicidad compartida con la que salimos todos del auditorio y los comentarios con las compañeras. No había visto ni vivido nada igual antes.

En 2014 regresó la compañía con el espectáculo En un lugar del Quijote y a pesar de estar ya trabajando en la jefatura de sala pude disfrutar de la función dentro de sala. Mi conmoción alcanzó entonces ya el punto de no retorno. Medio año después, en una conversación con las compañeras en el teatro  sus mejores recuerdos sobre mí giraban en torno a las visitas de los ronlaleros. De camino a casa me surgió la idea: el tratamiento de los clásicos en el teatro actual. Y en mi mente estaba Ron Lalá. ¡Lo tenía totalmente claro! Los clásicos, por mi predilección barroca, y  su tratamiento y adaptación por mi contacto con los adolescentes a través de mi ejercicio docente como profesora de lengua castellana y literatura.

¿Qué destacarías sobre el trabajo que hace la compañía Ron Lalá a la hora de readaptar estos clásicos dotándoles de otras interpretaciones? ¿Qué es lo que más te ha llamado la atención de su saber hacer?

La maestría de Ron Lalá es su poética, su valiente y honesta forma de vivir y entender el arte teatral, compuesta de un lenguaje escénico desnudo, riguroso y cuidado que fusiona el verso con la prosa,  un humor inteligente y sutil y  un empleo sobresaliente de música en directo intrínseco a su naturaleza puestos todos al servicio de la máxima dramatúrgica de la transformación del espacio escénico. Comparten los mismos elementos que componen la esencia teatral áurea. Una fórmula combinada en escena  con un vestuario metonímico, una iluminación contrastiva y transitoria y una utilización y transformación del espacio absolutas, cuyo virtuosa proeza subyace en la dificultad de ser solo cinco actores. Y a todo ello se suma el público que vive y participa de la obra, de la fascinante poética ronlalera, que a través de la ficción no se evade de la realidad sino que se sumerge en ella para llegar a ese estado catártico originario del teatro como gran transformador social. Ron Lalá son talento magistral e interdisciplinar. Un caso entre un millón. Pura inspiración.

¿Qué valor añadido le dan a los textos que adaptan? ¿Cuál es su aportación?

Lo primero de todo su tratamiento. Para ellos es fundamental acercarse a los clásicos “con respeto pero sin reverencia” y este es su mayor acierto. Pero para ello, en primer lugar, es necesario un conocimiento exhaustivo previo de la tradición literaria y una destreza de escritura dramática sobresaliente para obtener un resultado exitoso en la traslación requerida en la labor de adaptación. En el caso de Ron Lalá el juego de la intertextualidad, el hábil empleo del anacronismo y la brillante creación poética aportan su sello inigualable. La presencia de un director literario en la compañía que es filólogo y excepcional poeta garantiza la maestría desde la base.

Si a todo ello se suma el trabajo colectivo de sus seis miembros, esto es una versatilidad grupal con una acentuada y destacada formación musical y una sólida solvencia interpretativa, el resultado es un trabajo honesto y valiente que como la naturaleza clásica tiene como principio dramático la inmediatez teatral que logra que,  a través del reflejo de nuestra época áurea, el espectador contemporáneo se sienta vivo en la mayor fiesta que siempre ha defendido la literatura: la de la libertad. Los espectáculos de Ron Lalá además de diversión, frescura y sabiduría aportan siempre creencia al espectador, inspiración. Igual que los clásicos, porque ellos también lo son hoy.

Dices que el reto del siglo XXI es llevar a los jóvenes al teatro de nuevo. Habiendo trabajado en la Casa de las Artes y siendo consciente de que el público habitual es de edad avanzada en general –al menos en Valladolid-, ¿Crees posible que esto se haga realidad?

Por supuesto que es posible. La primera reacción de mis alumnos adolescentes cuando conocían que trabajaba en el teatro era su sorpresa puesto que no asociaban que una persona joven tuviera interés por el teatro. A día de hoy todos los jóvenes a los que he dado clase tienen certeza de que esa asociación es completamente errónea. El teatro es puro presente como lo son los adolescentes y los jóvenes. Es contacto directo, autenticidad, franqueza, valores que definen el espíritu joven. Resulta necesario por tanto acercarles al teatro de manera natural, y para ello son fundamentales tanto la educación formativa desde la enseñanza como la educación en valores nacida y fomentada desde casa. La cultura nos hace libres y hoy más que nunca los jóvenes la necesitan como pilar vital para el desarrollo del ejercicio crítico y por tanto del crecimiento personal.

¿Consideras que el teatro –al igual que lo ha sido el cine en ocasiones- es un buen formato para seguir recordando e impulsando los clásicos?

Toda disciplina artística es imprescindible para el desarrollo integral del ser humano. Y en especial, la disciplina teatral ha sido desde tiempos de los griegos considerada la más compleja pero completa de todas ellas por ser la que mejor se acercaba a la imitación de la naturaleza, esto es a la realidad. De todas las artes el teatro es la más viva, la que permite vivir y sentir el “aquí  y ahora”. Por tanto, todo lo que nazca del teatro, ya sea una nueva creación o una versión, adaptación de un tema clásico, va significar un impulso de la vida.

¿Cuáles son las claves para que nuestros clásicos vuelvan a resurgir a través de la dramaturgia? ¿Qué barreras tenemos que superar para volver a acercarnos a estas obras que, en ocasiones, son olvidadas por ciertos lectores?

Desde la dramaturgia contemporánea se están realizando proyectos de adaptación clásica desde comienzos del siglo XX, muchos de ellos verdaderamente interesantes. La única clave es que la adaptación se aborde con el rigor y compromiso con la tradición literaria precisos. El verdadero problema radica en las propias limitaciones de la sociedad: el desprecio e indiferencia hacia la cultura por parte de la población más adulta encabezada por las instituciones, máximas responsables,  lleva al prejuicio equivocado y consecuente rechazo por parte de los más jóvenes de su herencia ya no solo literaria sino cultural. La lucha incansable de aquellos que creemos en la cultura como la mayor defensa de la libertad humana es la mejor batalla a librar frente al olvido y menosprecio.

Este año se celebra el cuarto centenario de la muerte de Cervantes. Algunos académicos han protestado porque, a diferencia de en Reino Unido –donde ha habido innumerables actos para conmemorar el centenario de Shakespeare- en España no hemos estado a la altura con nuestro máximo exponente literario. ¿Crees que se debe impulsar más este tipo de actos representativos para seguir fomentando la literatura?

El impulso decisivo en la defensa de la obra cervantina en este caso, pero extensivo a toda la creación literaria hispana, descansa en la creencia férrea en la misma. Esto es lo que diferencia nuestra cultura de la anglosajona. La producción literaria, y artística de cualquier tipo, ha de ser celebrada cada día y en todos los ámbitos de la vida. No es necesario que llegue una fecha especial para festejar nuestra herencia. La literatura y todas las artes han de estar presentes y vivas cada día. Esa es la mejor celebración. Y esto sí sucede en Reino Unido desde siempre.

¿Qué vamos a poder ver el próximo 2 de diciembre en la Casa de las Artes en ‘Cervantina’? ¿Qué le dirías al público lagunero para que se anime y sea testigo de esta obra?

Cervantina es un fiesta teatral que nos sumerge en el universo literario del más ilustre genio y humanista de las letras hispanas en un acercamiento honesto y valiente compuesto de textos diversos, versos, versiones y diversiones impregnados de la esencia cervantina y ronlalera. Un espectáculo divertido e inteligente que derrocha pasión por Cervantes y que invita a todos los espectadores a la eterna fiesta barroca: la de la libertad. Cervantina es un apasionante virus de cuya infección no se querrán curar jamás. Ron Lalá regala una celebración de los clásicos, de los de ayer y de los que ya lo son hoy que no dejará a nadie indiferente. El virus de la libertad llega con Ron Lalá y su Cervantina a la Casa de las Artes ¡No se lo pierdan!

Por último, ¿Por qué consideras que es importante seguir defendiendo el patrimonio cultural literario de nuestras raíces?

La cultura forma parte imprescindible de lo que somos. Si a la raíz no la cuidas, seguramente el árbol crezca enfermo, mal formado o con importantes carencias. Si no cuidamos y defendemos nuestra cultura que es parte de lo que somos y de lo que podemos llegar a ser nunca podremos aspirar a erigirnos en seres humanos íntegros y por lo tanto libres.

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